Quillotro

Flores en la cuneta

El Altillo de © Don de Isis
Isidora, 31 de octubre de 2010

En España y en otros muchos lugares del mundo el día 1 de noviembre  se celebra la tradición de honrar y traer a nuestra memoria a las personas que han muerto. Esta fiesta es la adaptación  del rito pagano, (como casi todas los ritos cristianos), que marcaba el final del verano y de las cosechas para pasar a los días de frío y de oscuridad. En esa noche se creía que el dios de la muerte hacía volver a los muertos, permitiendo comunicarse así con sus antepasados.

Para poder llevar a cabo esta tradición es requisito imprescindible conocer donde esta enterrado el ser querido. En España nos encontramos con la escalofriante cifra de 143.000 victimas asesinadas, ejecutadas, por la dictadura de Franco, que están desaparecidas e ilocalizables, (la mayoría de ellas componentes de las Fuerzas Armadas Españolas que fueron leales al gobierno legítimo votado por el pueblo soberano, compuestas por mujeres y hombres de diversa procedencia: intelectuales, artistas, políticos, docentes, médicos, abogados, militares profesionales, ingleses, rusos etc., que empuñaron y usaron las armas de forma legítima contra los golpistas).

Esta cifra de muertos anónimos y extraviados implica que millones de familias españolas  no conozcan donde están los cuerpos de sus familiares difuntos, no porque no quieran, si no porque se les ha negado tal derecho. No saben donde llevar las flores, velas y demás ofrendas para honrar la memoria de sus seres queridos. Cuando se ha intentado descubrir la verdad y localizar los cuerpos, la derecha española respaldada por la justicia ha conseguido que lo de “atado bien atado” se cumpla, amparados por la justicia.

En el año 2010 nos encontramos que 1.821 de las 2.052 fosas comunes del franquismo están todavía por abrir, una auténtica atrocidad. Aragón es la que más tiene, con 588, seguida de Andalucía (445), Asturias (318), Castilla y León (171) y Castilla-La Mancha (134). Un auténtico genocidio ocultado durante muchos años.

En la guerra de Bosnia el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, calificó los acontecimientos de Srebrenica  como un acto de genocidio, estamos hablando en este caso de 8.000 musulmanes bosnios masacrados. Si tomamos como referencia este número, lo que pasó en España durante los años de represión, ¿cómo se le puede llamar?, daños colaterales. El número de asesinados podría haber sido mucho mayor si no se hubieran marchado al exilio otros 500.000 españoles, cuyo único delito era pensar diferente.

En el caso español no se puede hablar de genocidio, pues sin cuerpo no hay delito. No es habitual que los tribunales condenen al alguien por asesinato sin el cuerpo. Los tribunales son bastantes cautelosos. Tienen que tener la convicción plena de que está muerta, porque no se quieren arriesgar a condenar a alguien por el asesinato de una persona que puede aparecer viva años después. ¡Aquí hay un muerto!, a qué espera el juez  para efectuar el levantamiento del cadáver, no lo dicta así la ley.
Si nunca abrimos las fosas para conocer realmente el número que hay en ellas y “de qué murieron”, nunca se podrá hablar de genocidio para condenar a la dictadura franquista y su simbología, aunque sea de forma simbólica.

COLABORA CON EL MAPA DE LA MEMORIA. (© 2010 Asturias Opinión)

Por nuestras ciudades y pueblos siguen en pie monumentos y calles en honor de los golpistas mientras en muchos casos no sabemos donde están las fosas en las que reposan los restos de los que cayeron defendiendo la libertad. Recuperar la memoria histórica no sólo es una necesidad que debe asumir la sociedad española para mantener viva la historia democrática, oculta y silenciada por los golpistas, es un deber moral de la democracia en reconocimiento de quienes dieron la vida en su defensa. Es un acto de dignidad, de altura intelectual y de madurez democrática.  

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Enlace (Pincha y colabora) http://www.mapadelamemoria.com/

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