Quillotro
República de Andalucía

 

Frío manto que arropa de lejos

Quillotro - Arco Iris El Altillo de © República de Andalucía
por Verdiblanco
9 de octubre de 2010

Nací en 1931. Tengo 19 años. Hace unas semanas tres camiones llegaron al pueblo. Se bajaron unos hombres de camisas azules y se metieron en la iglesia, con don Ramón y el cura.

Salieron a decir nombres y nos juntaron en la iglesia. Yo estaba quitando piedras en la Finca de Don Antonio. Nos dijeron que teníamos que irnos a trabajar a otro lado, que era nuestro deber a España, a Dios y a Franco. Esa noche nos montaron en los camiones. El cura cambió al hijo de Esteban el cojo, por el de Manuel el del Barranco. Es un mozo apuesto, como todos sabemos, y el cura le ha enseñado a leer.

Nos han traído a Cataluña, a trabajar a unos pantanos. Hay mucha gente, con andrajos y algunas chabolas con corrales. Todo es más miserable.

El camino duró más de 4 días. Es verano. De vez en cuando parábamos para que los camiones no reventasen y para echarles gasolina, de los bidones que llevan los camiones o en algún pueblo grande. Pero no hemos bajado del camión. Nuestras necesidades las hacíamos mientras el camión estaba en marcha. No dieron para comer un poco de pan y algo de pescado, caballa muy negra ¿podrida? Al menos llega al estómago. La mayoría no hemos comido casi nada desde que nos comimos el ato del pueblo. Los medios días hemos parado unas horas, por el sol, pero sin bajar de los camiones y nos dieron unos cubos de agua para beber. Bebíamos del cubo, muy sucio.

Por el camino, hemos encontrado lo que parecen cuerpos de hombres. Hay perros buscando carne entre los jirones de ropa, de color del barro y la suciedad. Conforme llegábamos al pantano había más cuerpos y harapos. Estos viajes son muy duros. Nosotros hemos tenido suerte.

Llegamos recién salido el sol y, por primera vez en cuatro días, pisábamos el suelo. Sin comer, nos han llevado a nuestro trabajo. Tenemos que sacar tierra con una cosa con ruedas de hierro que llaman vagoneta. La llenamos con las manos. Los railes abrasan. Al llegar vimos a otros trabajadores con sacos atados en los pies. Yo tengo suerte pero me pregunto cuanto durarán mis esparteras. El esparto es duro, pero la cantera lo es más. Hay una mezcla de terrores en la obra. En el pueblo el miedo se unía con los cantos de los gorriones. ¿Por qué no hay gorriones?

Dormimos como podemos en los corrales, sin techo. ¿Dónde nos cobijaremos cuando llueva? Ahora es verano. He escuchado que si llueve seguimos trabajando. Pero con el agua los raíles escurren y la tierra cae de las montañas. ¿Y si llueve de noche? Ahora se ve la luna de noche.

Al principio siempre estaba escupiendo el polvo de la cantera. Dicen que mis pulmones ya se han acostumbrado al polvo pero yo creo que no tengo saliva. Me dicen que cuando llueve al día siguiente, con el aire limpio, se ve el cielo más azul que nunca haya visto. ¿Más azul que el cielo de Andalucía? Entonces se aprovechan los pulmones para limpiarse y escupimos barro. ¿Por qué los pulmones hacen barro si solo valen para respirar?

De vez en cuando llega una mujer, la esposa de un trabajador. Pero las mujeres están prohibidas en la obra. Algunos tienen sus mujeres, viven en la zona de chabolas de la parte por donde nace el sol. Es mejor, les da más el sol en invierno. ¿Tanto frío hace en estas sierras? A veces vemos a las mujeres, llegar, preguntan uno a uno si conocemos a sus maridos. Aquí no tenemos nombres. A veces los compañeros traen comida que hacen sus mujeres, algunas raíces, collejas, hierbas hervidas, que se los dan a los compañero más enfermos. Se encargan con una cosa que se llaman comités. Pero los jefes y el cura no deben de saberlo o nos matan. ¿Por qué hacen comités si nos matan? No hay enfermería ni médico. En el pueblo hubo uno antes de la guerra, pero ya no hay tampoco. Era amigo de mi padre.

Dicen que el ingeniero y el jefe son alemanes, y que hay más, que viven escondidos de los judíos. El cura del pueblo nos ha enseñado que los judíos vendieron a Jesús, que son un pueblo malo y que por eso los Reyes Católicos los echaron. ¿Por qué no los echaron de Alemania? De vez en cuando salen de las oficinas de arriba y el obrero que señalan se va. ¿A dónde va? No hay nada donde ir en dos otres jornadas de camino. ¿Por dónde se sale de estas sierras? Dien que la guardia civil te puede pillar. Nadie ha regresado.

Dicen que nos pagan con dinero. A mí nunca me han dado dinero. En el pueblo me daban pan o tocino o unas almendras. ¿Cómo será eso de pagar? No sé leer los número. Mientras nos pagan la primera vez, dentro de unos meses, nos dan de comer un poco de agua y pan. Luego nos lo quitarán del sueldo. ¿Cómo es un sueldo? Nunca había escuchado esa palabra, suena a soldado. Cuando podemos, vamos al basurero, a coger las cáscaras de las papas, de los plátanos, que son las que más alimentan, de los camisas azules y jefes. Hay un comité de basura. Yo quiero ver un comité. Con suerte podemos cocerlas para comer. Los huesos son los mejor, los rompemos y nos comemos el tuétano. Pero se lo dan a los enfermos. Los perros harían lo mismo, pero no hay perros.

El único descanso es el domigo, para ir a misa. Que se hace en el descampado, todos juntos. El cura está muy lejos, no lo oigo. Pero tamoco se lo que dice, es una lengua extraña. Dicen que en la misa nos cuentan. No hay caras viejas del tiempo, sino pasadas por el trabajo y la pena. De todas formas el cura solo viene los domingo. ¿De dónde vendrá? dicen que no viene, que vive en las casas de arriba, de las oficinas, con los jefes. Los domingos, después de misa, ayudamos a construir una iglesia y casa para el cura.

Hay algunos viejos que hacen los trabajos de explosivos y los colgados de la presa. Dicen que son presos de la guerra. Les llaman presos y viejos, pero no son ancianos. Sus rostros pellejean de los huesos de la cara. Dicen que a veces para divertirse, cuando un preso está colgado, lo desatan y cae. Yo todavia no lo he visto, pero no trabajo en la zona de la presa, sino de la cantera. Dicen que a veces un preso cuando ha colocado los explosivos le ponen la mecha corta. Hacen apuestas: a veces corren mucho y a veces no corren, como si no quisieran vivir. Yo creo que no quieren hacer reír a los jefes. He visto algunos huesos y harapos cuando desescombramos. ¿Serán de ellos?

Dicen que los muertos los entierran en el cementerio, allí arriba, pero no hay camino ni se ven cruces. Tal vez no haya cementerio. En el pueblo se entierran a los muertos en el pueblo, pero no se puede llorar. Dicen que Dios se los lleva y es bueno ¿Por qué no se llora?

Me pregunto cuándo vendrá mi novia. Pienso en ella. ¿Pero cómo va a saber donde estoy? Cuando me despedí de ellos no sabíamos dónde íbamos. Tampoco ahora sé donde estoy, muy lejos. Mi madre está sola, con mi hermano menor. Espero que mi padre la pueda ayudar, esté donde esté. Nunca he hablado de mi padre, mi madre no quiere. No fue a la guerra pero sigue sin venir. ¿Por qué no viene si no se ha ido? Apenas lo recuerdo. En el pueblo me han dicho que mi padre sabía leer. Yo no sé leer. A veces le pregunto a mi compañero las letras de lo vagones o las figuras de los raíles. Me dice es la marca, que son los metros que hemos de arrastar el vagón. Yo los memorizo. Yo no he medido nunca, todo lo he hecho sin medir: la jornada es de sol a sol, arar la tierra es desde el principio al fin de la tierra, coger las aceitunas es desde el principio de la finca del amo hasta el final. Nunca antes he medido. ¿Pero qué es la marca? Una seña que dice de quien es el vagón, el amo. Ahora recuerdo a mi padre un día de primavera, gritaba que no quería ni Dios ni amos. ¿Por qué decía eso? ¿Por qué sabía leer? ¿Por qué tengo un Dios y muchos amos si mi padre no quería que los tuviese? ¿Por qué hay una misma luna y no una para los amos?

Y mi novia ¿vendrá? Espero que ayude a mi madre y a mi hermano, que hace poco ha cumplido 14 años. Hace dos años perdió dos dedos segando. No lloró. Es fuerte. Era zurdo y le obligaban a hacerlo todo con la derecha. Dios lo castigó por ser zurdo. Nunca me ha preguntado por mi padre. Ahora no puede segar, pero sí puede trabajar sacando estiércol, aunque el pan que gane sea más pequeño. Con suerte un día comerá jamón y no tocino.

Tal vez nunca más vea a mi novia ni a mi madre ni a mi hermano. Puede que me vaya, como mi padre. Tal vez mi madre encuentre a mi padre algún día o puede que lo busque mi hermano, cuando él sea mayor. Puede que me encuentre a mí.

Me pregunto por mi novia, la quiero mucho ¿Cuándo podré irme? ¿Cuando terminen las obras? Dicen que van a durar muchos años y que no podemos salir. Ayer llegó una mujer y le dijeron que su marido no está. Nunca llegó, debe de estar en el camino. Se fue sin llorar, pero no subió al cementerio ¿Por qué no se puede llorar ni aquí ni en el pueblo?

¿Por qué no puedo hablar de mi padre?¿Por qué no puedo saber dónde está?¿Cuándo podré buscarlo?¿Es verdad que hay miles como él? Aquí hay miles como yo. ¿Qué son miles?¿Cómo se escriben?¿Son como una espuerta de aceitunas o son más?¿Por qué son todos de mi tierra?¿Por qué no hay de otros lados?¿Por qué no hay catalanes si la obra es para ellos?¿Por qué me tienen que separar de los míos si ahora no hay guerra?

¿Cómo me va encontar mi novia?¿Sabrá buscarme?

Si lloviera podría ver un poco de cielo azul, pero los ojos me duelen. De todas formas tampoco me hacen mucha falta aquí, los raíles me guían.

¿Por qué no sangran mis heridas?

Andalucía a 1 de octubre de 2010.

Fdo. Verdiblanco

 

Estadisticas de visitas