Quillotro
OPINIÓN

 

Crónica social, o no, de las fiestas de agosto de 2010 de Cuevas del Campo, o de casi (II)

© Manuel Hernández
2 de septiembre de 2010

El viernes noche comenzaron las fiestas, este año se presumían diferentes. No tenía programa ni Quillotro lo había reproducido, no se si el Ayuntamiento le habrá enviado un burofax a Hortal y le deja hablar de las fiestas de Andorra. Paco Alcaría hijo me dio uno. Yo iba con mis trece ovejas a ver el libro de fiestas y me dijo que no, que era un folio doblado por la mitad. El caso es que no estaba ni doblado por la mitad, por los alrededores. En broma le dije que si eran como los de la época de su padre, hechos a máquina. Pues na que ver, los de su padre estaban con los márgenes correctos, las horas bien puestas, cuadrados, el símbolo del euro, etc. Si el programa hubiera estado medio bien hecho sería un índice de fiestas.

La verbena es lo importante de las fiestas. Y vaya si lo son. Nunca he visto tanto agente de la autoridad: el sábado hubo tres policías locales de nuestro antiguo pueblo de Zújar y dos guardias civiles. Supongo que en Zújar la gente es menos delincuente y por eso estaban aquí, aunque eso tiene un alto coste ¿O costo?  Parecía que Zujar había mandado una expedición y  tomaron el cerro cota 212, que es importante económicamente porque está lleno de perejil.

Así que me fui directo a la barra de la verbena donde me encontré a Don Andrés, del que espero que trabaje para editar otro libro. Estaba por allí  Gallardo. Una pena que el único sitio lindo del pueblo para leer con una buena silla y mejor servicio se haya cerrado. El viernes la verbena comenzó tarde porque yo me fui a la una de la madrugada y todavía no habían empezado. Y lo nunca visto, la orquesta creo que se llamaba Contrapunto, calentaron con una copla de los Credence, que en el pueblo sólo se escuchaba en La Noche. El destino tiene extraños bautizos. Quien sabe si un día de estos tenemos verbenas pop, ahí dejo una buenísima idea, otra más.

El sábado había una orquesta con mucho viento, trombón, trompeta ,etc. Digo mucho viento porque creo que es el que van a tomar, porque ánimo para una verbena no daban. Más bien parecía un plan de una gala de Televisión Española. Las verbenas andaluzas son otra cosa y españolear una.

Sorprende agradablemente el saludo de la gente que conocí cuando empecé a formar el Partido Andalucista,  unos 3 años. Estuve un largo rato charlado con Joaquín Hortal. Tuvo cuidado de no usar las palabras de propiedad intelectual, tal como Juaquín, por si le faxeaban.

El lunes por la tarde había indicado, una actividad de juegos tradicionales para niños a las 18.00 horas en la plaza del Paseo. Pero la única diversión fue el perrillo de mi sobrino, "Luisito el Aniquilador", un perro Fujitsu. Como los juegos se demoraron más que la caída de la hoja, nos enviaron al polideportivo y le dieron a los niños una pelota tradicional: redonda, con aire por dentro y vieja. Tradicional, de toda la vida.  En las Cuevas nos pasamos 5 años seguidos jugando con el balón tradicional del One, hasta que ya no pudo más, el One. ¿Dónde estará, el balón? Yo me llevé mi libraco de poetas de rosa líquida y los catalanes que estaban allí, con sus hijos, hablaban algo así como de la desaparición  de Cuevas del Campo. Yo ni participé, ya me conozco estos discursos sonoros con velocidad de crucero. El caso es que aparecieron a tan triste escenario, los alcaldes y uno o dos concejales, cambiando el escenario de triste a deplorable ¿Tanta autoridad local y de gestión para la pelota tradicional? El caso es que un catalán le dijo al alcalde-quinto que le iba a poner una queja. En chino creo que se lo dijo. Y es que en Barcelona no saben qué es el franquismo, porque nunca lo han tenido, Ni, consecuentemente, el miedo ni nada por el estilo. Aquí, como yo, nos callamos por no meternos en problemas pero la gente de Cataluña usa la libertad y dicen las cosas. Es la diferencia entre personas y siervos. Yo me fui, obviamente, que era un catalán contra cuatro españoles del Ayuntamiento.

El lunes noche, en presunción de que iba a ver menos gente y que un rato grande de la verbena iba a ser un engorro con entrega de trofeos y problemas de sonido, decidí quedarme en la casa, viendo como la luna se llena.

Y así, con la luna a mitad de llenarse que no a mitad de vacía, porque estaba en creciente, espero  las próximas fiestas y su índice.

Cuevas del Campo, 21 de agosto de 2.010

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