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OPINIÓN

 

La talilla del avellano (II): donde manda patrón, no manda marinero

© Francisco J. Martínez Arredondo
10 de febrero de 2010

 

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Así por encimilla, más o menos voy suponiendo algunas cosas sobre el affaire del avellano, y es que en respuesta al escrito en contra del corte del susodicho árbol, el vecino reclamante ha recibido copia de un fax remitido por uno de los propietarios de la almazara, desconozco sin con poderes suficientes para autorizar tal extremo de forma individual, aunque me da lo mismo porque el árbol está sentenciado en aras del buen goler. El fax se remite a la atención del concejal de urbanismo, el presunto dador de la orden de corte. Entiendo ahora que el alcalde no supiera nada y que el hecho de su intromisión haya generado esta rápida respuesta, aunque otras cosas pueden haber influido.

Esta rápida respuesta en forma de permiso para cortar el árbol se basa en el siguiente argumento: se van a colocar los bordillos para evitar que las aguas que discurren por la mencionada calle (San Antonio) no produzcan daños en los terrenos colindantes; nunca he oído hablar de tal problema, y mira que unos 350 de los 365 días del año suelo visitar el barrio. En cualquier caso, supongo que el árbol lo que hará es sujetar un poco la erosión de esos terrenos colindantes que no son otros que los que ocupaba la almazara. Lo único que está cada vez más desastroso es lo que a costa del erario local se habilitó en el solar, esto es, la parte de las baldosas de la parte central donde esos bordillos poca incidencia pueden tener. En fin….que lo del bordillo es prioritario, bastante más que, por ejemplo y cercanía, los bordillos de la plaza que están estupendos a la altura de la zona de juego de los niños. Y los bancos, desde luego, invitan a tumbarse en ellos del aspecto acogedor que presentan. ¿Competencia del concejal de urbanismo o del alcalde?

Resumiendo: Que ante el escrito de una vecina solicitando el corte del árbol porque criaba mosquitos, la rápida respuesta es enviar al operario a que lo corte (que sin imaginar la repercusión dice lo de los mosquitos). Que el vecindario se queja al alcalde y la corporación cae en la cuenta de que el árbol no es competencia suya. Que en busca de soluciones imaginativas, como reclamé en la primera parte, la ocurrencia es inventarse que van a hacer un bordillo (para evitar desastres en las zonas colindantes y, probablemente, para “facilitar” el aparcamiento, que, a día de hoy, es el único mérito de este solar).

Y que el árbol lo cortan por cojones, y yastá.

No nos queda más que esperar el corte del avellano y la posterior realización del bordillo. Supongo que al día siguiente de lo uno tendrá lugar lo otro; puede que incluso todo suceda el mismo día.

El Avellano entre la nieve

 

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