Quillotro
OPINIÓN

 

La talilla del avellano

© Francisco J. Martínez Arredondo
6 de febrero de 2010

 

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Hola a todo el mundo, hace ya un tiempecillo que no me hago presente en quillotro pero la razón es sencilla: no he tenido nada que decir en esta temporada, lo mismo que el chiste aquel del chiquillo que no habló hasta que no le hizo falta. Y es que hoy me hace falta porque me ha indignado la historia que me han contado a propósito de un árbol, un avellano con 60 ó 70 años que, por un pelo, sigue estando en el solar de la almazara del chico Federico. La cosa tiene dos lecturas, una es incluso digna de los hermanos Marx, pero la principal es, a mi entender, indignante; y es indignante sea quien sea el equipo gobernante, que me da lo mismo. Y ya aprovecho para criticar abiertamente la eliminación de los frondosos árboles que en su día poblaban la placilla que hay enfrente de Molina, porque levantaban la plaza, decían; hasta el que asó la manteca se daría cuenta de que los árboles tenían bastante más mérito que la plaza en sí, y a las pruebas me remito.

Pero bueno, vamos al avellano. La cosa empieza el 4 de febrero por la mañana, cuando una vecina ve a un elemento sospechoso, moto sierra en mano, procediendo a talar este magnífico árbol: irán a darle una talilla. La cosa se pone fea cuando el arma cortadora se dirige a una rama que es perfectamente un cuarto del árbol: esto pinta mal, piensa la vecina, pero el cuarto de árbol está cayendo. Ejemplo de movilización vecinal, todos a una – menos una, valga la redundancia. ¿Qué estás haciendo, es que vas a cortar el árbol?. Pos si, me manda el ayuntamiento porque una vecina dice que le estorba, que cría muchos mosquitos. ¿No será que le estorba para goler?.(pos si, seguramente). El operario, de forma razonable, para su trabajo y no sabemos qué camino toma.Hasta aquí lo indignante, que un árbol majestuoso, más cueveño que la mayoría de los cueveños, se haya salvado por los pelos de la muerte por el capricho de gente insolidaria (mejor, gilipollas, pero con todas las letras y a boca llena) y por la ineptitud de algún munícipe que ha mandado al operario a que lo corte sin más. Ya no entro en que el árbol está en una propiedad privada, que esa es otra y nada banal. Esto me indigna, pero lo que es más, me asusta y más cosas que me callo. Me reconforta, sin embargo, la reacción de ese grupo de vecinos.

Lo esperpéntico viene luego, a las dos de la tarde, cuando el alcalde llega al ayuntamiento. Recibidas las quejas vecinales y entendido el error (que, reitero, podría haber sido irreversible), invita a que se presente un escrito con la queja por el intento de cortar el árbol. Y hacía allá van, vecino y alcalde, prestos a hacer la solicitud de no corte del avellano. En mis entendederas, que no se si son muchas o pocas, creo que el alcalde ha invitado a presentar una queja contra su propio equipo de gobierno, pues supongo que habrá sido éste el que habrá dado la orden de cortarlo. ¿Sería posible saber quién ha sido el ordenante?

No sé si le daréis a esto importancia o no, pero para mí tiene una importancia capital porque cada árbol que se corta, cada casa o cada cueva que se cae o se abandona, cada desmán urbanístico, chico o grande, son una herida en la ya maltrecha salud de Cuevas del Campo, y me pone de mala follá y luego me cuesta trabajo dormir.

Quiero recordarle al equipo de gobierno, particularmente a la parte que ostenta la alcaldía en este momento, una de las propuesta electorales que figuraban en su programa y que en casos como este podrían ser muy eficaces. Copio literalmente: “Crearemos una Comisión Local Medioambiental y de la Energía”. Esto permitiría no tomar decisiones a la ligera sobre cuestiones sensibles, como es esta, o el corte de los árboles de Puerta Real. Permitiría, también, una visión más amplia, y la posibilidad de propuestas alternativas, porque, desgraciadamente, lo fácil es cortar los problemas de raíz (como en el caso de la placilla de arriba) y lo difícil, sin embargo, es buscar soluciones imaginativas y que sirvan a todo el mundo. Eso ya es otra cosa. Pero bueno, al menos el avellano sigue en su sitio, herido pero orgulloso, y ahí espero que siga por muchos años. Lo contrario traería problemas.

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