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OPINIÓN

 

¡Lo que puede cambiar todo en un segundo!

© Antonio Checa
3 de noviembre de 2009

El cambio más fuerte y definitivo es la muerte. Puede llegar en unos instantes. Éramos y, en un segundo, dejamos de ser. Estábamos bien y, de repente, todo se acabó. Pero sólo nos preparamos, en el mejor de los casos, para la vida. De la muerte nunca se habla. En la muerte nunca se piensa.

En un segundo puede cambiar la vida de forma decisiva, puede dar un giro en la dirección exactamente opuesta a la que llevábamos. Una cabezada provocada por el sueño mientras conduces, hace que el coche se salga de la carretera y provoque un fatal accidente. Un giro brusco del volante para ahuyentar la mosca que se ha colado por la ventanilla produce un choque frontal con otro vehículo.

En un segundo se produce el traspiés en la escalera. En un segundo explota la bomba que los terroristas colocaron debajo de un coche. En un segundo rozó la rueda de la moto el bordillo de la rotonda .En un segundo te informan de un diagnóstico fatídico. En un segundo que dejaste de mirar al niño, éste se perdió entre la multitud. En un segundo te arrebata la vida de un ser querido un infarto totalmente imprevisto

Me he referido a cambios dramáticos. También pueden producirse giros radicales de manera instantánea en el sentido contrario y positivo. En un segundo se cruzaron las miradas de quienes compartieron luego toda una vida de amor y de felicidad. En un segundo cantaron el número de la lotería que te puede dar un más que magnifico respiro económico. En un segundo te dijeron que te habían elegido en aquella complicada selección de personal. En un segundo recibes una llamada o un mensaje que hace que el día sea completo.

Antes de ese segundo todo era diferente. Después de ese segundo todo será radicalmente distinto. ¿Cuántas veces desearíamos volver al instante anterior a ese hecho inesperado (o, quizás, esperado y temido)? Sin embargo, no disfrutamos de lo que somos y tenemos, agobiados por pequeños, a veces insignificantes problemas o contratiempos.

La rutina es anestesiante. Nos deja sin capacidad de pensar, de reflexión y de sensación. Vivir intensamente el presente se convierte por tanto en una inteligente actitud ante la vida y ante nosotros mismos. La palabra presente tiene varias acepciones. Según el diccionario de la RAE una de esos significados, que es a lo que voy, dice que presente es “obsequio, regalo que alguien da a otra persona en expresión de su reconocimiento”. El presente que disfrutamos es un regalo maravilloso de la vida. El presente es un magnífico presente. El tiempo es un precioso regalo, un maravilloso presente.

Cuando el presente es bueno debemos disfrutarlo y celebrarlo. Cuando es malo conviene buscar la forma de mejorarlo. No sólo el nuestro, claro está. El dolor ajeno no puede resultarnos indiferente.

No somos conscientes de nuestra vulnerabilidad. De la propia y de la ajena.  Nuestra vida pende de un hilo, pero nosotros seguimos jugando como si la eternidad fuera nuestra. Arrastrados por la prisa, los trabajos, los compromisos, los ruidos y las cosas, pensamos poco en lo que somos y en lo que hacemos. Un segundo es suficiente para ponernos contra las cuerdas de nuestra realidad. ¡Zas! Y todo fue distinto para siempre. Nunca lo habíamos pensado. En un segundo tenemos esa vivencia que nos permite descubrir de pronto lo que es verdaderamente esencial.

Saludos cordiales.

P.D. Permitidme un segundo para agradecer vuestro tiempo en leerme.

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