Quillotro
OPINIÓN

 

Tragicomedia del quillotro vol 2: de la manipulación a la pluralidad

© Joaquín Hortal
27 de mayo de 2009
Lee también:
Tragicomedia del quillotro vol 1: de la objetividad a la manipulación

 

I. Acto segundo: de la opinión a la manipulación

Como decíamos ayer: …con muchas dudas buscamos respuestas… y las encontramos.

De forma casual, y al revisar los mensajes del foro me encontré con que dos mensajes consecutivos tenían la misma dirección de origen (mensajes 63 y 64). Casualmente eran dos mensajes de apoyo a los escritos de Sergio Martínez y firmados por dos personas distintas. Intrigado busqué la misma referencia en otros, y mira tú, que todos los mensajes que apoyaban al “Amigo Sergio” (conmigo tampoco te mosquees… al menos no más de lo que ya lo estás) procedían de la misma dirección, que a su vez coincidía también con la de los correos electrónicos en los que envió sus artículos el “Amigo Sergio”; el círculo se cerraba y la trama se dibujaba: el “Amigo Sergio” era también los “Raúl”, “José Luis”, “Ramón”, “Antonio J.”, “María” y un “anónimo” que, oh casualidad, lo apoyaban en el foro. Lo curioso es que cuando escribía como Sergio, su ortografía se degradaba hasta el ridículo, mientras que cuando lo hacía con otros nombres se elevaba a una escritura adecuada. Hasta se permitía el lujo de ser condescendiente consigo mismo: “…centrándonos en lo que quiere decir y a pesar de las faltas de ortografía… (mensaje 59 del foro)”. Y llegaba al ridículo de criticar a los que criticaron su escritura dando lecciones morales: “…me da igual como lo haya escrito pues ni nosotros ni nadie estamos aquí para juzgar o reírnos o sonrojarnos de lo que ha quedado dicho (mensaje 73 del foro)”.  Lo que causa sonrojo, “Amigo Sergio”, es utilizar múltiples nombres: Sergio, Raul, Jose Luis, Ramón, Antonio J. y María, y otros tantos mensajes en el foro (59, 63, 64, 66, 67, 73 y 82, así como contestaciones a los mensajes 76 y 81) sin otro fin que el de encizañar.

El tema de los errores ortográficos del “Amigo Sergio” generó opinión y nueva discrepancia. Creo que nadie sería capaz de hacer mofa del analfabetismo, pero también es cierto que cuando el “Amigo Sergio” se mostró altivo, por no decir agresivo en sus palabras, dejó descubierto un flanco por el que atacarle y dio permiso para hacerlo: ese flanco era la ortografía.  A posteriori, un análisis de los “mal escritos” artículos del “Amigo Sergio” nos muestra algunas incongruencias:

  • Uno de los errores ortográficos más comunes en castellano es la confusión de la “j” y la “g”. Este es un error no entrenable, porque no tiene reglas, y tanto es así que un premio nobel como Juan Ramón Jiménez, decidió escribirlo todo con “j”. Pues, mira tú, el “iletrado Amigo Sergio”, no erró ni una de las 9 que escribió en sus tres escritos.
  • Otra falta muy común es la confusión de la “b” con la “v”. El amigo Sergio acertó las 21 del primer artículo. De las 27 del segundo, solo falló una, y el fallo es tan clamoroso como poco creíble: “probavilidad”. Y en el tercero igualmente falló tan sólo una de las 31 presentes y también un extraño error en “palpava”.

Pues para ser un grave analfabeto, el “Amigo Sergio” no cometió ninguno de los fallos más habituales, incluso en los alfabetizados, y donde erró, destaca tanto que no es creíble. Nadie se expone a difundir con su nombre letras tan mal escritas salvo que sea a posta y con una intención, y máxime cuando el más tonto de los programas informáticos te corrige la ortografía.

(Nota: me da la impresión de que el primer acto de ayer os ha despistado bastante y no hacía prever este segundo acto. Mis disculpas a los desorientados. Creo que hemos cumplido la promesa para el acto segundo: una intriga a medio camino de lo policial y lo freaky: más cerca de lo segundo que de lo primero)

Fin del segundo acto

IV. Desenlace

El “Amigo Sergio”, Raúl, José Luis, Antonio J., María o como quiera que se llame planteó un tema muy interesante: la objetividad en la información que nos llega. Nada de lo transcrito sobre los plenos en esta revista falta en lo más mínimo a la verdad, pero todos sabéis que esa información os llega tras pasar por los filtros de mis oídos, con mis filias y mis fobias, con mis aprecios y mis desprecios, y eso deja su marca. Marca que recogéis los lectores, y según vuestras filias y vuestras fobias, vuestros aprecios y vuestros desprecios, la aceptáis o no, y reelaboráis la información a vuestro gusto, y si lo consideráis necesario podéis quejaros, criticar y opinar en esta Web. “Amigo Sergio”, puedes creer que no, pero puede resultar que sí que hay concejales del gobierno que faltan al respeto de los de la oposición. Igual que los hay que no lo hacen, y los hay que nunca hablan. Y puedes creer que no, pero puede resultar que nadie en la oposición falta al respeto de los concejales del gobierno. Y así queda reflejado en nuestras transcripciones. Y podrás apreciar que hay uniformidad en el comportamiento: siempre grita el mismo, siempre insulta el mismo, siempre es correcto y educado el mismo, siempre es inquisidor el mismo, y siempre callan los mismos.

La objetividad en la transmisión de información es un tema que trasciende con mucho a quillotro y los que colaboramos en la revista. Vivimos en una sociedad sobre-informada, de manera que el exceso de información se ha convertido en su propia censura: es muy difícil alcanzar la verdad porque estamos saturados de detalles. Presumir de objetividad es la peor forma de manipulación, porque con eso se pretende restar al lector la capacidad crítica que le corresponde. José Ramón de la Morena, director del programa deportivo nocturno “El Larguero” de la cadena SER siempre ha defendido que la objetividad no existe y que para informar de fútbol, lo primero para ser creíble es declarar cuál es tu equipo y a partir de ahí tratar de ser lo más objetivo posible (la referencia puede resultar trivial, pero es la que tengo). Creo que nuestras filias están declaradas, cuando menos la mía.

Otro ejemplo, Internet ha significado una revolución en el acceso a información desde todos los puntos de vista, y uno de ellos es el científico. Como bien dice el “Amigo Sergio”, hay que ser muy escrupuloso en el manejo de esa información porque es muy fácil caer en la deformación. Esto ha cambiado la forma de hacer ciencia, y en la validez de un artículo médico o de una guía clínica, por ejemplo, es fundamental la declaración de intereses de los autores: quien les paga, si trabajan para un laboratorio farmacéutico, etc.

El “Amigo Sergio” culpa a la revista y en particular a mí, de parcialidad, y más aún, de subjetividad dañina. Dice que tratamos de manipular a los lectores en una especie de campaña continua para las próximas elecciones. Y ésta es una opinión válida. El “Amigo Sergio” propone un debate interesante; más aún, necesario, sobre información y opinión, y sobre la capacidad que puede alcanzar un medio como esta revista para lo bueno y para lo malo, para acercarnos y para alejarnos, para informar, y para manipular. Entonces, si la crítica es adecuada, si el debate es beneficioso ¿por qué el “Amigo Sergio” se disfraza de analfabeto, se inventa un nombre y trata de engañarnos a todos? ¿Por qué exige explicaciones y honradez desde el engaño y la mentira? ¿Por qué llega al patetismo de darse la razón con mensajes en el foro con distintos nombres?: unas veces se da la razón completa, otras solo parcialmente, unas se regaña a sí mismo por la ortografía, otras pide respeto para los que critican sus faltas, e incluso se pide a si mismo perdón por llamarse amigo (mensaje 66 del foro): de locos. Muy aconsejable volver a leer los mensajes del foro: es muy gracioso releerlos con conocimiento de causa: sabiendo que son todos del mismo. La carga de razón del “Amigo Sergio” queda ridiculizada cuando recurre a tan burda estratagema para reforzar su opinión. Pero es preciso, y me repito, reivindicar esa denuncia de parcialidad, es preciso recordarnos y recordaros que la verdad tiene intermediarios que la adulteran incluso cuando no pretenden, y no pretendemos, hacerlo.
Esto, realmente, no es más que una anécdota, una tontería patética a la que no merece la pena prestar tanta atención. Pero es que el “Amigo Sergio” sí que ha intentado manipularnos. Sí que nos ha tratado como idiotas, nos ha llevado incluso a discutir sobre lo bien y lo mal escrito y a crear pruritos innecesarios.

“Amigo Sergio”, reflexiona sobre tu actitud porque no es justa. Aquí ha habido espacio para todos, incluso para este grosero intento de manipulación, y aquí sigue habiendo espacio también para tus opiniones y tus críticas, eso sí, con tu nombre y sin tomarnos por idiotas.

Mensajes de apoyo en el foro como los de Eva, Óliver, Mariana, mc, Fernando, Yasmina, Jose, María, Isabel… (muchas gracias a todos y tantas veces a Isabel), y tantos otros en privado; y los artículos de más de treinta colaboradores distintos en estos dos años y medio, por sí solos justifican el proyecto de esta revista y neutralizan el cansancio que nos pueda ir hastiando. El motivo de este artículo no es desdeñar las críticas, sino denunciar la ilegitimidad de quien las hace, denunciar el engaño, con tintes de boicot, que nos afecta a todos los lectores. Pero insisto en lo mismo, en esta Web ha habido, hay y habrá espacio para todos mientras este tenderete se sostenga.

 

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