Quillotro
OPINIÓN

 

Mal de muchos, consuelo de...

© Joaquín Hortal
30 abril de 2009

Con el XX pleno ya pasado, digerido y meditado, podemos ya dar por sentado que el concejal de obras no va a dimitir. No va a dimitir pese a la triste paradoja, de que es él quien vigila que los cueveños seamos legales en nuestras construcciones mientras que cuando mira hacia sus terrenos, esa vigilancia se relaja. Anda que si éste nos guarda, ya podemos las gallinas dormir tranquilas.

Pero la verdad es que esto no es un problema exclusivo de nuestro pueblo, porque en esta España nuestra, la dimisión o el cese políticos se ven como una concesión a la oposición que nadie está dispuesto a hacer… ni siquiera el bonísimo ZP. Así, en tiempos pasados, ni dimitió ni se cesó a Álvarez Cascos con el Prestige, ni a Trillo por el Yak, ni a Fabra en Castellón con sus mil y una imputaciones judiciales, ni a Del Ojo en Granada, ni a Torrente cuando se “equivocó” a su favor en las dietas de los kilómetros que hay de los Ogijares a Sevilla, ni más recientemente a Camps con sus cariñitos al “clan Correa”, etc; se pidió a voces la dimisión de Magdalena Álvarez, y con razón, por lo menos de últimas, pues erre que erre que ZP cambió a todo el gabinete menos a ella… por fin ahora, con el cambio de gobierno, le ha llegado.

Un último ejemplo, el ya ex-ministro de justicia, Mariano Bermejo, hace unos meses cazaba en una finca fronteriza entre Castilla la Mancha y Andalucía. Tenía licencia para La Mancha, pero la de Andalucía se le había caducado poco tiempo atrás, por lo que cazaba sin licencia; con todos los atenuantes del mundo sí, pero sin licencia. El hecho es como mucho inocente, pero cuando hablamos de un ministro y más aún, del ministro de Justicia, se convierte en como poco indecente y que menos que pedirle la dimisión, cuando no el cese inmediato por parte del presidente del gobierno; pues cese no hubo, y la dimisión llegó más por vergüenza torera que por higiene democrática. Cierto es, que no es lo mismo dimitir por razones políticas que por imputaciones judiciales o ilegalidades manifiestas, y que en estas segundas el PP gana de largo, pero también es cierto que a la hora de dejar el cargo unos y otros son reticentes.

Y si así son los políticos de la punta de arriba, para que hablar de los de la punta de abajo: nuestro alcalde  y su concejal de obras, los antes “partios que doblaos” del PP, siguen el ejemplo de la política patria y ni cese ni dimisión ni todo lo contrario. Si el ministro de Justicia dimitió por una licencia caducada, ¿qué debe hacer un concejal de urbanismo que tiene una obra ilegal? Todos sabemos la respuesta: dimitir o cesarlo para demostrar al pueblo que la justicia empieza por los gobernantes. Pero según la lógica de nuestro alcalde lo mejor es reunir a todo el pueblo en el pleno en el que le piden la dimisión al concejal y decir ante todos que no dimite ni se le cesa por aquello del mal de muchos, consuelo de… concejales. Es decir, el alcalde y el concejal admitieron que la vivienda es ilegal, pero que “pelillos a la mar”. ¿Y cuál es su excusa?, que hay más viviendas ilegales en el pueblo. Y lo mejor de todo es que, aunque el alcalde sacó a relucir múltiples nombres, ninguno estaba en una situación de ilegalidad tan fragante como la del concejal de obras. Y más aún, el problema es que ni siquiera es mal de muchos, porque varios de los nombres dados ni siquiera estaban cometiendo ilegalidades y así lo demostraron al final del pleno, cuando tomaron la palabra para defenderse de las acusaciones que había hecho el alcalde y que no había demostrado. Entonces, ¿pagamos 1,500 € mensuales (con sus dos pagas extras) a nuestro alcalde para que se dedique a buscar entre los expedientes de obras justificaciones vergonzantes a los actos de su concejal de obras?

Conclusión: que alguien le diga al señor alcalde, que no solo el "mal de muchos" no justifica a su concejal, sino que ni siquiera hay "muchos". No somos todos iguales en esto, el mal es de pocos y uno de ellos está en las filas del alcalde y él le mantiene en el gobierno. Allá él... y lamentablemente allá nosotros.

Sin embargo hay una rendija por donde se ve un rayo de esperanza. El futuro alcalde del PA dijo en ese pleno, y dijo bien, que no se pensaba jugar el pan de su hijo y su mujer por la cabeza del concejal de obras. Con mil vueltas, trató de dejar más o menos claro que si dimitiera, el concejal de obras haría un favor a todos, pero parece que sólo le entendí yo. Y ahí quedó. El futuro alcalde en cuanto lo sea, tiene una difícil papeleta ante sí: ¿cesará al concejal de obras? ¿tratará de darle una salida honrosa?  ¿O virgencita que me quede como estoy? En poco más de un mes lo sabremos.

Pero si patéticos fueron los intentos del alcalde por defender a su concejal, la palma del patetismo se la llevó la exhibición de la viñeta “los papeles de Zújar” que publicamos en quillotro a propósito de las diatribas por la escrituración del monte público. El alcalde sacó un folio A2 doblado por la mitad en el que habían impreso la viñeta en tamaño A3, y ondeando dicho folio acusó a la oposición de mofarse de los esfuerzos que él está haciendo por la escrituración. La oposición contestó que la viñeta no les concernía; y dijo bien, porque la viñeta es de esta revista y a nosotros concierne y ¿qué falta hemos cometido para salir en un pleno? Ni más ni menos que hacer caricatura de aquello que es caricaturizable.  Lo único que pretendíamos era poner humor a una situación, la del conflicto con Zújar, cada vez más innecesariamente encendida, y la verdad es que venía al pelo el tema de las escrituras y las frases que se dicen en los papeles de Zújar (que por cierto fueron el lunes pasado). La viñeta pasó de mano en mano en el pleno, y como quiera que todo aquel que la vio se sonrió, el objetivo del humor estuvo cumplido por nuestra parte. La parte del mal humor ya la añade nuestro alcalde.

Pero siguiendo con la escrituración del monte público, desentrañemos esos magnos esfuerzos que está haciendo nuestro alcalde: primero pidieron a Zújar que escriture el monte público a nombre de Cuevas del Campo. Una vez que se negó, contrataron a un abogado. Ya está. No hay mucho más que hacer que lo que vaya pidiendo el abogado. Y la verdad es que el esfuerzo no parece gran cosa. Pero para un alcalde amigo de fotografías, periódicos y de encabezar procesiones, no se puede desechar una oportunidad de protagonismo como esta. Este alcalde no puede pasar sin encajarse, aunque sea a cabezazos, en la historia, y ¿qué se le ocurre? Hacer de un mero trámite burocrático, un hecho trascendental. Y para eso asambleas generales, mociones en plenos, comisiones de segregación y un discurso detrás de otro… vaya, como si estuviéramos en 1977 y él nos estuviera defendiendo de aquellos perversos contadores del agua zujareños. Sería necesario que alguien recordase a este buen señor, que Cuevas del Campo ya se separó de Zújar hace 28 años (para 29), y que el 21 de noviembre debe ser una fecha para celebrar la creación de un pueblo y no para hacer asambleas que enciendan los rencores pasados con Zújar. Si por diferencias políticas entre PP, PA y PSOE en Zújar no se ha podido llegar a un acuerdo sin jueces de por medio, habrá que hacerlo en los juzgados, pero con  tranquilidad y discreción, y sin tantos aspavientos ni fotografías, porque los tiempos de trascendencia ya pasaron, y el que no salió en aquellas fotos, por mucho que intente ahora, ya no saldrá.

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