Quillotro
OPINIÓN

 

Kon Kondon

© Andrés M. Prieto Martos
21 de febrero de 2009

Estimados vecinos:

Les cuento a continuación una historia. Se desarrolla en cerebro de la caja tonta, que es esa que tenemos delante de nuestros ojos una media de cuatro horas diarias. No asustarse por el título, que la historia no está escrita en turco. La historia comienza la noche del viernes 9 de enero a las 11.30 y finaliza a las 01.15.

La historia es de unas chicas de un barrio de clase baja que para salir del mismo deciden que es más fácil hacerse putas que estudiar o trabajar. Una vez adineradas, cada una decide promocionarse por su lado, a una le da por hacerse “madame”, otra se hace actriz porno, la otra se hace cocainómana y la que parece más lista decide deprimirse por andar corta de copa de sujetador porque claro, ¿dónde va hoy en día una mujer con menos de una 95? Al final es a la que mejor les va de todas porque tras aumentarse las tetas varias tallas consigue casarse con un importante y adinerado traficante, al que acaba matando por las espaldas para irse con su amor platónico, que también es traficante y que antes de enamorarla y de pasarse por la piedra a todas sus amigas, consiguió sacar del INEM a su hermano, al que introdujo en el mundo del menudeo de drogas y el cual gracias a tan cualificado trabajo que le ha buscado el “cuñao” lleva criando malvas una temporada.

Ahora tocan los chicos. Todos puteros, todos traficantes, todos alcohólicos, todos fumadores empedernidos, todos con pistola, todos con unos cochazos impresionantes y todos con unas novias con unas carrocerías no menos impresionantes. El que menos lleva un par de asesinatos en su currículo. Aquí al que mejor le va es a uno con apodo aristocrático y heredero de la voz de Coll. No solamente le va bien en el negocio de las drogas sino que también le va bien en el negocio del amor, habiéndose cepillado a toda tía buena que ha aparecido por la serie y sin pagar, y eso que la mayoría eran putas, de profesión.

El papelón de las fuerzas de seguridad del estado es acojonante. Se tiran desde el primer capítulo hasta en último persiguiendo a los camellos y recogiendo los muertos que van dejando a lo largo y ancho de la serie. Lo más cercano que tenemos ahora mismo en España es la Ertzainza, que llevan veinte años en el País Vasco rodeados de etarras y aún no han tenido cojones a detener a uno.

La apoteosis llega en el último capítulo de la serie, que es el que me tragué yo. Al aristócrata le pegan un tiro a la altura del hombro. Al bisturí la rubia de las tetas y a la anestesia la pelirroja de la minifalda… y de las tetas. La anestesia una botella de güisqui, el bisturí un cuchillo jamonero. El pobre aristócrata se desmaya por problemas con la anestesia y la solución la da la rubia de las tetas, que rauda y veloz decide que en vez de acudir al hospital, es más fácil que el hospital acuda a ellos, para lo cual secuestra a un par de médicos. Al final, la operación un exitazo. Se recupera en un par de días y se toma para el post-operatorio un bocata de jamón con un cubata en una mano y un cigarro en la otra. Tras un segundo tiro, una segunda operación y una segunda huida, el aristócrata vuelve a salvarse con otro cigarro en la mano y hoy en día es el feliz padre de una criatura y viven en una mansión acojonante con unas vistas acojonantes, tanto por el paisaje como por su mujer.

Tras pasar todo el capítulo con los ojos abiertos como platos por contemplación de la pelirroja, aparecen los anuncios. El primer anuncio es el rapero del “royo….mola....koko…kon….kondón”. Más inoportuno imposible.

El lunes a primera hora, tendré que acudir de forma obligatoria a un cursillo que robará 9 horas de mi trabajo y que es impartido por unos pájaros de la Consejería de Igualdad de la Junta de Andalucía y que trata sobre la implantación de un Plan de Igualdad y uso de lenguaje no sexista en mi empresa, que por cierto es obligatorio por ley para empresas de más de 250 personas.

En este país, siguen andando sueltos muchos  gilipollas. Tras hora y media de película en la que se dan mensajes como “…lo más importante es el tamaño de tus tetas”, “…cepíllate lo que pilles por ahí, que al final la rubia buenorra estará esperándote”, “para ser un machote hay que fumar y que beber como un cosaco”, “…no te preocupes, la policía es tonta” o “….trafica, mata, ve de putas, no hay problema, al final seguro que te escapas”. A los cipotes del ministerio de asuntos sociales les recomendaría que la próxima vez, en lugar de gastarse mi dinero en hacer un anuncio gilipollesco, y de gastar mi tiempo en tenerme 9 horas recibiendo un cursillo en el que te sientes machista casi por respirar que se lo gasten en controlar lo que ponen por televisión. A la ingenua miembra le recomendaría que sería interesante que vigilara los estereotipos que se están transmitiendo por televisión a todos los televidentes. Esta serie está dirigida a un personal que aún tiene la mollera por hacer y los estereotipos que están transmitiendo pueden hacer bastante daño al personal.

Un saludo, cueveños, cueveñas.

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