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OPINIÓN

 

Bipartidismo, minorías absolutas, nacionalismos exuberantes… y otras quimeras

© Joaquín Hortal
17 de marzo de 2008

            Tras las elecciones generales la reunión del voto en torno a los dos principales partidos, PSOE y PP, se ha extremado hasta el punto de no dejar casi espacio al resto de partidos del espectro político español. Es excepcional que tras cuatro años de gobierno del PSOE, las elecciones dejen como ganadores a los dos partidos que se lo juegan todo: han subido tanto PP como PSOE. Pero un apunte: es mucho más difícil subir 5 diputados para el que tiene 164 que para el que tiene 148, es decir, tiene más merito electoral el PSOE que el PP.

            Entre las frases tópicas que nos han regalado los líderes políticos “Hemos ganado las elecciones…”, “…no hemos perdido las elecciones…”, “…son las elecciones con más votos para nosotros…” etc, hay una nota discordante: Gaspar Llamazares. El líder de IU asumió la derrota de su formación y su responsabilidad sobre la misma antes incluso de acabar el escrutinio. Tuvo el mínimo de vergüenza, valentía y generosidad políticas para hacer el petate cuando creyó que su proyecto estaba fracasado, cosa que no todos hacen, véase Rajoy. Sin embargo, de lo que dijo esa noche ante los medios de comunicación, lo que más se ha resaltado son las frecuentes alusiones que hizo al tsunami bipartidista. Y aunque sea una excusa, no le falta verdad. Porque no es menos cierto que el castigo a todos los partidos minoritarios ha sido generalizado y no sólo a IU, lo que refuerza la amarga queja de Llamazares.

            El sistema electoral español es representativo proporcional, de manera que cada provincia es un circunscripción y tiene un número de diputados asignados que según los votos recibidos, se reparten los partidos contendientes. Esto hace que el valor del voto en las provincias menos pobladas sea mayor que en las más pobladas. Hace que los partidos que obtienen votos en todas España pero en cantidad insuficiente, como IU o UPyD apenas tengan representación. Hace que los partidos que se presentan sólo en comunidades muy pobladas, como los nacionalistas catalanes y vascos, obtengan una representación desmedida. Hace que los gobiernos sean fuertes, apoyados en mayorías amplias. Y hace que la tendencia progresiva del sistema sea al bipartidismo. Desde 1978 la ley electoral es la misma, y se han sucedido hasta el momento 10 elecciones generales en nuestro país. Las quejas a propósito de la no proporcionalidad del sistema electoral y su injusticia con los partidos minoritarios no nacionalistas, son razonables, pero oportunistas y a destiempo, cuando son los resultados electorales los que originan esas quejas. Puede ser interesante utilizar los datos de nuestras elecciones y recomponerlos con sistemas electorales de otros países.

Estados Unidos

            Pese a la idea popular, no es un sistema presidencialista: no se elige de forma directa al presidente en las elecciones, sino que se vota a compromisarios en cada estado que después votarán al presidente: algo parecido a nuestros diputados, pero estos compromisarios no forman parte del congreso, que se elige aparte. EEUU tiene 50 estados más la capital, Washintong DC. En cada estado se eligen de 1 a 54 compromisarios según la población. En cada estado, todos los compromisarios son para el que gana, aunque sea por un voto más, es decir, no hay reparto proporcional de los compromisarios según los votos como ocurre en España. Una excepción: dos estados con poco peso electoral, Maine y Nebraska, sí hacen el reparto proporcional. Hay 538 compromisarios y el que sea presidente debe tener mayoría absoluta: 270 compromisarios. Si no es así, será la cámara de representantes quien eligirá al presidente.

            Según este sistema y considerando cada provincia española como un estado norteamericano, el PSOE tendría 178 compromisarios de los 350 del parlamento español, es decir, tendría mayoría absoluta de votos electorales por lo que Zapatero sería presidente, como lo es por nuestro sistema. 

Alemania

            El alemán es un sistema proporcional personalizado. Su parlamento, el Bundestag tiene 598 escaños, y como en España, este parlamento elige al presidente del gobierno: el canciller.

            Cada votante tiene dos votos: uno personalizado, dirigido a un candidato en concreto del distrito donde vota (como la provincia en España), y el otro es para el partido a nivel estatal. El primer voto determina que político ira al parlamento y el segundo cuantos escaños tendrá un partido en el parlamento. Esto en España equivaldría a votar en Granada un candidato, de un partido u otro, y votar para toda España a un partido. A nivel nacional se cuentan los segundos votos a los partidos y se decide cuantos escaños tiene cada formación, aunque no se tienen en cuenta aquellos que no alcancen un 5%. El sistema es más complejo, pues se puede conseguir llevar al congreso a partidos con menos de un 5%, pero esto es sólo un resumen.

            Según la proporcionalidad alemana, solo PSOE y PP estarían en el congreso, puesto que el tercero, IU, solo tiene un 3% de votos. El PSOE lograría mayoría absoluta con 182 diputados. Es cierto que según este sistema y sus complejidades, los nacionalistas tendrían espacio seguro en el parlamente, pero partidos generalistas como IU no tendrían nada sin llegar al 5%.

Reino Unido

            Su parlamento, la cámara de los comunes, tiene 650 diputados. Cada uno representa a un distrito electoral de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del norte. En cada distrito, la elección es uninominal: el que gane, aunque sea por un voto, se lleva el diputado, como ocurre con los compromisarios de EEUU. Es un sistema que favorece las mayorías fuertes. No podemos extrapolar los resultados españoles según este sistema, porque las circunscripciones en España no se reducen a un diputado como en los distritos británicos (algo así como una comarca o incluso menos). No obstante, el resultado en España sería muy parecido al visto en EEUU: Zapatero sería presidente por mayoría absoluta (mínimo 178, pero probablemente más de 200 diputados).

Francia

            El sistema es presidencialista en lo que concierne a la  elección del presidente de la republica. El primer ministro sin embargo lo elige el parlamento que se vota a parte. Se contempla segunda vuelta si ningún candidato alcanza el 50%, y eso permite los pactos a priori: a la segunda vuelta van los dos candidatos más votados, que previamente habrán tratado de pactar con los candidatos descartados para obtener su espacio electoral.

            En España, una segunda vuelta entre Zapatero y Rajoy habría atraido pactos previos con los nacionalistas. Pactos mucho más probables con el PSOE que con el PP, que probablemente habrían hecho presidente a Zapatero.

Israel

            El sistema antes de su modificación en 1996 era uno de los más proporcionales puros. Solo tenía un distrito nacional y los escaños en el parlamento, 120,  eran proporcionales a los votos, votos que de esta manera tienen el mismo peso. Además sólo se precisa el 1% de los mismos para llegar al parlamento. Esto hace que mucho partidos minoritarios tengan opción de entrar en el parlamento, y que sea prácticamente imposible lograr mayorías sólidas para gobernar. El sistema italiano era muy parecido hasta la reforma de hace unos años realizada por Berlusconi y enfocada a favorecer los partidos más votados y evitar la inestabilidad parlamentaria de otros tiempos.

            Según estos sistemas proporcionales puros los resultados no darían mayoría a ningun partido, pero concedería mayor peso en el congreso a IU, UPyD y ESQUERRA.

Resumen

            En la siguiente tabla se expone la aplicación de los distintos sistemas electorales a los resultados de las últimas elecciones en España. Los números tabulados corresponden a diputados o equivalentes (compromisarios). 

 

ESPAÑA

EEUU

ALEMANIA

ISRAEL

PSOE

169

178

182

162

PP

154

172

168

149

IU

2

0

0

14

CiU

10

0

0

11

PNV

6

0

0

5

ESQUERRA

3

0

0

4

BNG

2

0

0

0

CC

2

0

0

0

NA-BAI

1

0

0

0

UPyD

1

0

0

5

 

Concluyendo

            El bipartidismo con los votos españoles de las últimas elecciones es inevitable independientemente del sistema electoral utilizado para el reparto de escaños. Parece más bien que el bipartidismo es una actitud de los votantes y una consecuencia de la uniformidad ideológica de los partidos. Es cierto que el sistema favorece la homogeneidad de los partidos, y estos responden siendo homogéneos. Posiblemente con un sistema más proporcional, habría una subdivisión de PP y PSOE en múltiples formaciones con distinta sensibilidad ideológica (los desgajamientos del PSC del PSOE y de la ultraderecha del PP serían probablemente los primeros).

            Con los votos dados Zapatero siempre hubiese sido presidente, aunque su mayoría se vería reforzada en países como Reino Unido.

            Parece dibujarse como sistema más justo el francés: determina la formación de gobiernos sólidos y apoyados en pactos preelectorales que permiten entrar en el gobierno, y no sólo en el parlamento, a formaciones políticas minoritarias. Como ejemplo, la entrada del Partido Comunista Francés en los gobiernos del Socialista Lionel Jospin.

 

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