Quillotro
OPINIÓN

 

¿Os dais cuenta de lo importante que son los símbolos de un pueblo? 

© Manuel Hernández García
21 de diciembre de 2007

     Siento mucho el destrozo de la piedra del Mojón de la Retama. Es triste ver que aquello que nos da identidad desaparece. Peor, no desaparece, destrozan lo mínimo que huela a pueblo. Romper o ningunear los símbolos de nuestro pueblo es atomizar la conciencia de pueblo. Algunos sabemos lo que es eso.  Esa piedra también nos dice que pertenecemos a un grupo,  a un lugar,  a un lugar y una gente, a un lugar, una gente y desde un tiempo, es decir, esa piedra es parte de la historia que define parte de lo que realmente somos. Esa piedra no marcó un límite de territorio, sí marcó a nuestros antepasados: Aquella piedra decía a nuestros padres  “hay otras tierras, pero esta es vuestra, cuidadla” Como en Odisea 2, que marcaron en Júpiter su identidad propia, no ajena. Es un concepto fácil de explicar pero difícil de entender por los que se pierden en espacios narrativos maniqueos -monoteístas occidentales, antinacionalistas europeos, nacionalistas norteños,…-: los bárbaros señalan fronteras, los pueblos señalan su identidad, porque los bárbaros viven de saquear la tierra y una vez saqueada la tierra deben saquear a otros pueblos. Ahí empieza la historia de nuestro pequeño pueblo, como la de otros pueblos empiezan en otras épocas. Esa piedra es un símbolo, como otro cualquiera; una canción, una cruz, una bandera. Ese es el valor de los símbolos: que no sean impuestos sino propuestos y aceptados como parte de nuestro yo íntimo y personal.

     En nuestro pueblo todo lo que nos identificaba como cueveños, con la identidad propia se está perdiendo y, lo que es más grave, se ha perdido. Duele cuando una piedra recibe un mazazo porque sí. Duele. Años de estar gobernados por gente que no tiene ni idea remota de lo que es la identidad, años de hippies, años de estar preocupados por existir de forma alienada han propiciado lo que, ahora, pasa. No tenemos nada y si algo hubiera o tuviera la oportunidad de ser, como el mojón, se fulmina. Son tan bárbaros los que han dirigido nuestro ayuntamiento que no han respetado ni el antiguo cementerio,  solo a Don Andrés lo he visto preocupado por este asunto, solo él. Y aprovecho para darle las gracias  por su labor de investigar en archivos, que es el primer lugar donde investigar; puede que deba de seguir siendo maestro en nuestro pueblo y enseñarnos como se hace. Pero qué más da, gobernados por lacónicos, bárbaros o, con suerte, moralinos, se llega a no querer siquiera delimitar, ahora sí, el lugar de reposo y respeto de nuestros anteriores. A vedar un terreno que no es nuestro, es de ellos.

     Me acuerdo de la Venta del Deseo, que mi padre me enseñaba y dentro de ella me contaba como eran el día y la noche, que siempre eran uno, porque se iluminaban las mismas cosas de siempre con “débil luz de velas y candiles de aceite”, destrozada. Mejor que se destroce no sea que nos miremos excesivamente en nuestro ombligillo de pueblillo. Ahora eso ya no puede ser contado, probablemente no importe, menos da una piedra aunque tenga oportunidad de hacerse mojón. Eso sí, hacemos una peazo bandera, que no dice nada, que es más fácil y ya tenemos la identidad hecha. Pobres ignorantones de vida cómoda, la identidad no se hace con símbolos, todo se fragua de forma conjunta y natural. La propaganda no vale para un pueblo. Pero parar la barbarie de destrozar la venta no, porque eso supone trabajar y meterse en líos.

Por eso quería y era una idea de hace mucho tiempo hacer la “Ruta de los Nacimientos”, para preservar el respeto por los comportamientos de nuestros antepasados.  En nuestro pueblo los nacimientos eran lugar de encuentro para pocas cosas. Pocas, la vida era tan dura que poco se podía hacer. Ahora se emigra porque ni lo poco se puede hacer. Se iba a lavar, recoger agua, abrevar ganado o pararse a beber tras horas de trabajo o caminata. Los nacimientos no son sólo el falso imaginario del belén de navidad. Pero llegarán otros, por no decir el nombre de algún destrozón al uso y harán cualquier cosa. También debemos recobrar las lomas y los caminos de las lomas, tan característico de lo nuestro, sí de lo nuestro, que no es malo decirlo. ¿Y los escurriceros donde se jugaba y se evacuaba el agua de las lomas? Por donde Roque y más de dos se cayeron más de tres veces? ¿Alguien se acuerda de las antiguas almazaras? No queda nada, ni piedras, ni cimientos, ni solar. ¿Los aljibes? Psss, ni idea. Eso sucede en nuestro pueblo y nos deja literalmente decepcionados de la vida. Eso en nuestro pueblo, imaginad el dolor que tenemos los que razonablemente sentimos nación y soportamos con tedio esa maraña de supuestos inicuos fruto del ejercicio de las más diversas soberbias. Es un sentimiento, el de pertenecer a un pueblo, que afortunadamente no tenéis. Afortunadamente, porque no es tenue, no es tenue como la rosa de los Persas, sino una flor que se hunde el  pecho, como diría mi hermano, y estalla. Si eso sucede en un pueblo pequeño y realizado por unos cafres ni qué decir lo que sucede con otro pueblo, del que dicen que ni somos pueblo. Pues nada que ver, que es un peñasco roto que molestaba en el camino y  que sería más útil si fuera grava. Puede que hagáis bastante más daño. 

 

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