Quillotro
OPINIÓN

 

Semblantes: Largo Caballero

© Manuel Hernández García
1 de septiembre de 2007

     La II República coincide con la expansión de los nacionalismos en las colonias, entendido este como medio de salir del yugo colonial. Apenas unas decenas de países son dueñas del mundo, fruto de las expansiones territoriales de épocas pasadas. Tras la Iº Guerra mundial nada hace presagiar una Segunda Gran Guerra, ya que la consecuencia de la I GM fue la creación, por primera vez, de un estado comunista, el enemigo de las potencias occidentales, el próximo objetivo. Las democracias occidentales rearman y fabrican estados fascistas para acabar con la Unión Soviética: Alemania, Italia y Japón. En unos años estados ruinosos y atrasados construyen los mejores ejércitos mundiales, solo posible con una financiación internacional. Es en este marco histórico, ante el avance imparable del comunismo y nacionalismo, donde el PSOE desarrolla su modelo de gobierno como partido obrero moderado o burgués y con las conclusiones de la II y III Internacional ve en el comunismo y anarquismo sus máximos enemigos: el triunfo de estos dos supondría su desaparición. Surge el PCE, los partidos de derechas bajos diferentes nombres y los nacionalismos y anarquismos imparables del sur, imparables salvo por las armas.

      En España es la época de las mayores desigualdades entre territorios y entre clases. Los dictadores sanguinarios y los lideres de los partidos estatales  utilizan coordinados el enorme aparato coercitivo político para imponer la unidad nacional rígida con diferentes soluciones según los territorios: en Castilla se protege con altísimos aranceles el trigo, produciendo una enorme alta en los precios del pan; En Cataluña se protege con altas tasas arancelarias los productos de su incompetente industria; En Andalucía, por el contrario, la guardia civil mantenía el orden como si fuera un territorio ocupado, 25.000 hombres bien armados, la Benemérita para los señores, el enemigo de los jornaleros. Ni que decir tiene que los movimientos anarquistas y nacionalistas andaluces suponen la principal quiebra de este justo modelo para unos e injusto para otros.

      Francisco Largo Caballero nació en Madrid en 1869. Afiliado al PSOE de Jaime Vera y Pablo Iglesias desde 1894 y decorador de interior de profesión. En 1917 no obtiene el apoyo de Pablo Iglesias en la infructuosa huelga, criminalmente reprimida, pero que le sirvió a Pablo Iglesias para salir fortalecido en su partido. En 1923 colaboró con el golpe de estado de Primo de Rivera y formó junto a otros líderes socialistas españoles parte de la acción de gobierno. Él mismo fue, nada más y nada menos, que presidente del Consejo de Estado de Primo de Rivera, un criminal fascista que se ganó a pulso su apodo, “El Cirujano de Hierro”.  Se ahonda en las desiguales entre territorios y entre clases: las bestias son mejor tratadas que un jornalero, con más metros cuadrados para dormir y más comida que un jornalero. Es la época de las detenciones y ejecuciones de líderes políticos no socialistas  ni de derechas y de eliminación física de sindicalistas no ugetistas. UGT crea la rama agraria con el fin y órdenes de acabar con el anarquismo y nacionalismo andaluces, en plena colaboración con la Benemérita. Es la época del mayor número de destierros de intelectuales. Es la época de la ascensión espectacular del PSOE.

      Con la llegada de la Segunda República es diputado y ministro de trabajo hasta el 33. Fue el representante del conocido “Infantilismo de izquierdas”, una forma feliz de entender la lucha obrera, sin olvidar que Santiago Carrillo fue en esta época Caballerista. Con el Gobierno del radical Lerroux pasa a la oposición. Junto a otros líderes socialistas organiza una rebelión en Asturias y Cataluña contra el legal y legítimo gobierno  de la República, no aceptando la derrota de la izquierda. Rebelión aplastada con el poco escrupuloso ejercito de África, tan acostumbrado a gasear y aniquilar aldeas africanas.

      Durante la Guerra Civil y tras la caída del gobierno de Giral, fue jefe de gobierno desde el 14 de septiembre de 1936 a 16 de mayo de 1937, ocupando la cartera de guerra. En su traslado, para otros huida, a Valencia de su gobierno, fue detenido por una columna anarquista a la altura de Tarancón. Iba a  ser fusilado por cobardía. Algunos creen que en este viaje se arrodillo y lloró implorando por su vida. Durante su gobierno se produjeron los fusilamientos masivos de la República (si bien es cierto que nada comparables con el terror practicado por los nacionales y que trató en la medida de su incompetencia de frenar los mismos). Dimitió o se vio obligado a dimitir ante el abandono de sus colaboradores debido a su lentitud y en su fracaso de parar a los generales africanistas. Se empeño en dirigir la cartera de guerra para lo que no estaba ni minimamente preparado. Su compañero de partido y sucesor Juan Negrín, fue todo lo contrario. Sus documentados celos patológicos a cualquier candidato socialista se tornaron realidad cuando dirigió otro golpe de estado contra el legítimo y legal gobierno de la República  y compañero de partido en 1939, a través de la Junta del Coronel Casado.

      Murió en 1946 tranquilamente es su exilio parisino, igual que el que fue su jefe durante 8 años, Primo de Rivera.

      Largo Caballero, fue, como algunos, un personaje con dos caras: la de la traición a compañeros de partidos y al orden democrático y la de la incompetencia. Los que detestamos a los golpistas, vemos a Largo Caballero el instrumento utilizado por los partidos burgueses españoles contra el anarquismo, nacionalismo y jornalero andaluces. Podemos ver el político flexible y colaboracionista con dictadores españoles, nacionalistas españoles, nacionalistas burgueses y nacionalistas católicos. La vida  lo dejó tranquilamente ya que no le dio tiempo a realizar nuevas tramas. Y no podemos perdonarle que no aceptara los resultados electorales de la República en el 34, ni la democracia republicana, ni su colaboración con las dictaduras.

      Aunque ha sido el referente del PSOE, este partido no le hace muchos homenajes, siendo el artífice de la extensión del PSOE, aun a costa de lo que sea. Esperemos que el 20N sea declarado día de la infamia y que podamos decir alto, claro y sin complejos, sea cada uno del partido que sea, los dictadores, golpistas y criminales que ha dado este país y sus partidos políticos.

      Con respecto a Blas infante podemos proclamar alto, claro, fuerte sin complejos que fue un hombre integro, pacifista, honesto, leal y un genio. ¿Pueden decir lo mismo otros respecto de los padres de sus partidos o referentes ideológicos de su partido? 

      Debido a la extensión de este artículo de opinión, lo he dividido en dos partes, remitiendo la semana que viene la segunda parte, en la que hablaré algo de Blas Infante y algunos consejos para quien quiera, obviamente, escucharlos. Es un modo, creo yo, de respetar el actual funcionamiento abierto de la revista y de la idea de su creador: cierto dinamismo que añade atractivo a su contenido.
Agradezco al consejo de redacción de quillotro la publicación de esta carta, que debe, a mi criterio, ser incluida en al sección de opinión, no en monográficos. 
  
Bibliografía utilizada:

  • Enrique Iniesta Coullat-Valera. “Blas Infante, toda su verdad” Vol. I, II, III.
  • Rafael Torres. “ Desaparecidos de la Guerra de España (1936- ¿) “
  • Carlos Blanco Escolá. “ Vicente Rojo, el general que humilló a Franco”
  • Gabriel Jackson. La república española y la Guerra Civil”

 

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