Quillotro
OPINIÓN

 

Cual gritan esos malditos

© Joaquín Hortal (Chingara, Chirribinas y Benegas)
28 de junio de 2007
DON JUAN:
¡Cuál gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si, en concluyendo la carta,
no pagan caros sus gritos!
ESCENA I, Don Juan Tenorio de José de Zorrilla


 

 

     Soy Hortal, Chingara, Chirribinas y Benegas, soy panadero, de Isabel “la panadera”, y de “la cooperativa de los Hortales”, soy caballero de mi dama (perdóneseme la falta al lenguaje de género) y soy comunista libertario (y no gregario socialista ni socialdemócrata ni otros… ni tampoco candidato a ninguna elección política, por cierto) y cueveño… soy cueveño. Todo eso me define mejor que médico, pero sí, también soy médico. Me contaba mi abuelo que su abuelo era muy diestro en un juego que llamaban “los chingues”. Y así fue que le apodaron Ramón “Chingara”. Hoy el tatarabuelo se reiría con las acepciones groseras que puede tener su y mi apodo… como ríen otros groseros… (Chingar: “practicar el coito” definición cursi del diccionario de la RAE… también significa molestar e importunar…).

     Como he dicho, yo no me he presentado a ninguna elección política. Cuando decides liderar una lista a unas elecciones municipales adquieres responsabilidades. Cuando pones tu nombre y tu foto en un programa electoral firmas un contrato del que tendrás que dar cuenta. Cuando te subes a una tarima y te presentas ante el pueblo, cada promesa debe pesarte hasta que la cumplas y cada descalificación al adversario es una bula política que concedes para que se te trate igual. Cuando solicitas el voto a tus vecinos, cada uno de esos votos es una deuda vinculada a aquello que prometiste y si no respondes de ella traicionas a tus votantes… tan simple. No puedes decir, por ejemplo: “son mis votos y hago lo que quiero con ellos”… nooooo, no son tus votos, son tus deudas y ahora da la cara por cada una que no pagues. Por tanto, es imprescindible pedir cuentas por decisiones que sí nos importan a todos porque hablamos del gobierno de nuestro pueblo (mi pueblo) y no chafardeamos la vida particular de nadie.

     Decisiones como pactar con el PP cuando se señoreó por los mítines que bajo ningún concepto se pactaría: con nadie (ni PSOE). Decisiones como rechazar la alcaldía cuando el voto se pidió para obtenerla (insisto: el PSOE ofreció la alcaldía sin pacto ni condiciones al PA para evitar el gobierno del PP). Hagamos un juego de posibilidades: si hubiese habido segunda vuelta en las elecciones y hubiesen comparecido a ella Olga Manzano y Ramón Mancebo (recordemos que José Manuel fue designado por la urnas candidato menos deseado para alcalde) ¿cómo hubiese votado el pueblo el pacto PP-PA ahora que hubiese sido públicamente a priori?

     Estas decisiones en democracias como la nuestra se pagan a cuatro años vista (desde el punto de vista político), pero se pagan a diario con el reproche y la critica de tus vecinos, los que te votaron y los que no: y hay que tragar. Tragárselo todo… o si no: dimitir. Aprender a tolerar las críticas incluso cuando creas que lo estás haciendo bien, cuanto más cuando todos sabemos que lo haces mal… aprender o si no: dimitir… tan simple.

     La verdad en política que produce risa a algunos, es la que avergüenza y desenmascara a otros (familia de los algunos). Cierto es lo que se ha dicho recordando a Foucault: la verdad tiene capacidad política y ésta depende de las reglas que definen lo que es cierto o no. La verdad es entonces un hecho subjetivo, de cada uno, mediatizada por humores, emociones, opiniones ajenas…etc. Es así tan falsa o cierta mi verdad como la de otros y es el lector quien discrimina: se convierte en verdad estadística (como siempre, lo que diga la mayoría). Lo infantil es recurrir a la verdad moral: ligar verdad a bondad es precipitado, casi religioso (santo = bueno) cuando no ridículo (Nietzsche es muy socorrido por sus textos altivos y sentenciosos pero no siempre viene “al pelo”). Pero de ahí saltar impunemente al concepto de héroes morales es pornográfico. Esto es: la verdad es cosa de buenos y los buenos lo son porque sí, sin más, y todo cuanto hagan será bueno y todo cuanto digan será verdad porque son leones morales con un alma inmaculada per secula secularum. Y nosotros sin saberlo…  se nos ha ocurrido discutir los actos de estos portentos bondadosos, criticar las decisiones de estas ánimas incólumes cuando tendríamos que haber alabado cada palabra y besado cada paso que estos santos varones diesen… Y llego yo, infelice de mí, y oso poner en duda tanta bondad y tanta generosidad (por cierto que para dar saltos inductivos sin sentido, el de bueno a tonto tampoco está mal)… y ¿por qué tendría que haber callado? Por lo visto me desacredita ser pareja de Olga (¿censura?): que callen, entonces otros familiares. Quizá el germen de todo se deba a que como el mío es un espíritu vil, como soy un enfermo moral, no puedo parir más que maldades y mentiras (cosas de ser malo): pero como yo, está entonces enfermo de maldad más de la mitad de un pueblo en desacuerdo con estas santas verdades tan absolutas.

     Solicité una explicación que a mí se me escapara a este despropósito y todo lo recibido son descalificaciones. Una explicación que yo pido a los gobernantes de mi pueblo como cueveño y todo lo que tengo que oír es: “lo hizo por generosidad”… si esto no es infantil es una burla. Estoy de acuerdo, muy listo no soy, pero no mido ni ninguneo a los demás por este dato (estadístico también por cierto). De estúpido no me resto ni un ápice, pero esta definición (“mal que no aporta beneficios”), es más aplicable a otros (generosos), y en mi caso es matizable: el beneficio de mi verdad malvada (cuando la crítica se define como maldad, apesta a censura) es la información a un pueblo deseoso de saber por qué van a ser alcaldes los dos a los que menos se les ha votado (aunque esto sea legal).

El amor fraterno, encomiable; pero lecciones morales… las justas.

 

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