Quillotro
OPINIÓN

 

Por vacaciones, soluciones

© Joaquín Hortal
Abril de 2007

     Somos Cueveños. Vivimos en Granada, Baza, Barcelona, Ibiza o Torremolinos... y también pacemos allí: tenemos nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestro entorno familiar y de amigos. Volvemos al pueblo en vacaciones y si la cercanía lo permite, también algún fin de semana. Disfrutamos de nuestro ocio y a veces también del pueblo, y al terminar regresamos a nuestro mundo: unos querríamos quedarnos, otros compadecemos los que tienen que quedarse. Desde esa visión lejana nos resulta inevitable no creer que conocemos las soluciones para los problemas del pueblo. Y también es inevitable que no apreciemos que todas esas soluciones son contradictorias, ilusorias y en ocasiones ofensivas.

     "La gente tiene que olvidarse esa cosa del turismo rural y dedicarse a lo de siempre: al campo", dicen unos...unos que, como yo, nunca han tenido que vivir directamente del campo, de sus caprichos y de los caprichos del mercado que siempre gusta de castigar al campesino. Unos que no saben lo frustrante que resulta trabajar todo un año sin la certeza de beneficios, y como un avatar demasiado probable, una helada, la sequía... te hacen sudar para estrenar hato en San Isidro.

     "Trabajo y agua" dicen otros. Consignas que suenan a política de rancio y falange ("Pan y patria" escupía José Antonio Primo de Rivera): gritos vacíos de contenido. ¿Quién no va a querer que haya trabajo... y agua? Podemos procesionar a San Isidro para lo segundo y si nos esmeramos, también para lo primero, pero sin duda frases como éstas demuestran una ignorancia supina y sobran, no por nada: por obvias (perogrulladas se dice).

     "Los jóvenes no tienen iniciativa". Sin duda, pero ¿qué iniciativa tuvimos nosotros? Sencillo, decidimos irnos. No nos implicamos en arreglar nada, no emprendimos negocios, no estudiamos para desarrollar nuestro trabajo en el pueblo: nos alejamos porque era más fácil... y listo. Y los que se quedaron: pues unos gandules, paletos que no ven lo que vemos nosotros que tan listos somos.

       "Como se va a atraer turismo si se han perdido las costumbres y el ambiente de antes". Es cierto, es posible que a alguno nos quede ganas de ver la Cuevas del Campo de hace 50 años con sus viviendas solariegas de adobe, sus gurupinas y gachas de diario, sus bestias trillando en las eras... a alguno quizá nos gustase dormir con mulos en una cueva y hacer las necesidades en el corral. Quizá tenemos una visión estática del pueblo: que todo quede como siempre mientras yo hago vida de ciudadano en la capital. Nos molesta que el pueblo y sus habitantes traten de ser similares a poblaciones más grandes, que traten de disfrutar de las comodidades que nosotros tenemos en nuestras ciudades. Lo pensamos sin maldad, porque de forma puntual hemos disfrutado del frescor vespertino de la Colonia o de la visión de una pareja de mulos trillando y creemos que eso es bueno y no se debe cambiar (...y viendo dios que era bueno, lo dejo estar...)

     En el fondo lo que queremos es un pueblo exótico para vacaciones, incluso para enseñarlo a los amigos de la capital, "¿...y la gente vive en estas cuevas?...que rústico ¿no?". Un pueblo que se asemeje lo menos posible a lugar donde vivimos y nos muestre y demuestre cuanto hemos progresado marchándonos de él.

 

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