Quillotro
OPINIÓN

 

Sobrevivientes a la Semana Santa

© Joaquín Hortal Carmona
11 de noviembre de 2006

   Yo no soy A. Faronni, pero cuando menos, su opinión de la semana santa de Cuevas del Campo me parece comedida…en extremo. Lo que se sale de toda medida es la furibunda respuesta que ha recibido del augusto director de la comentada farsa: no sólo es despreciable usar de esa forma impúdica su auto concedido púlpito (Los Aljibes); lo es aún más declararse juez de lo divino (nunca mejor dicho) y humano en nuestro pueblo. El augusto director es ahora quien define lo que es "güeno" para Cuevas del Campo: ilegaliza obras, pastorea nuestras almas de opinión descarriada, decide que dios habita nuestros cielos... en suma, declara quién es un buen cueveño y quien no hasta el extremo del insulto. Y por supuesto la vara de medir que nos juzga como cueveños es la adhesión incondicional a la semana santa viviente. Se invalida cualquier otra opinión: para que queremos opiniones divergentes si su razón en una, universal e indiscutible. Amigos, al parecer Cuevas del Campo es pueblo por cuanto exhibe la más macabra mitología cristiana por sus calles…no tenemos más historia, no albergamos más identidad, no merecemos más nombre que el que la semana santa nos da…y como olvidarlo: el augusto director, su único profeta, es refundador (o quizá el demiurgo) de este pueblo. Consecuencia: Cuevas del Campo nació hace 6 primaveras de pasión y quién ose criticar esa cosmogonía del pueblo no sólo no es buen cueveño; es anticueveño. Como dicen que dijo ese Jesús que crucificamos anualmente: "Quién tenga oídos...que oiga" (Mateo 11:15)

Aquelarre: "conciábulo nocturno de brujos y brujas, con supuesta intervención del demonio". Como pantomima folclórico-religiosa me parece una definición histriónica, aproximada y bastante lograda de nuestra Semana Santa Viviente.

 

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