Quillotro
OCIO

 

De la loma de Enmedio a la cuesta Doblas por el río

© Joaquín Hortal
20 de septiembre de 2010

 

Quillotro - Benzalema desde el Pino Virao
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Ficha del Circuito
  Distancia: 10 Km
  Tiempo: 6 horas
  Dificultad: media

Esta es una ruta larga, de más de 5 horas a buen paso, pero no es difícil. La fotos son de noviembre de 2009, cuando aún no había comenzado el temporal y los límites del pantano rayaban más abajo del cortijo del Cerrillo. A día de hoy el camino no es el mismo y los paisajes en torno al río están inundados.

Tenemos que bajar por la carretera de las playas del Negratín, y pasada la Venta del Deseo, se toma a la izquierda por el camino de la Loma de Enmedio. La Loma está comprendida entre dos ramblas: la de los Pontones a su derecha (este) y la rambla del Moral a la izquierda (oeste). Una vez en el camino, lo seguimos durante unos 2,5 Km hasta el inicio de un sendero que desciende hacía el río: es una pista practicable en coche, pero que la lluvias han dejado tan deteriorado que no es recomendable intentarlo.

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Quillotro - Benzalema desde el Pino Virao
Quillotro - Benzalema desde el Pino Virao

El descenso es entre pinos, perpendicular al río, y se hace rápido. Por la tarde el sol queda a nuestra espalda, por lo que la sombra camina y avanza junto a nosotros. Carramaiza queda al frente confundida con los colores de la tierra.

A la izquierda el valle se angosta camino de la Hoya de los Corzos. Sólo a unos cientos de metros de subida se puede apreciar la desembocadura de la rambla del Moral.

A la derecha, por el contrario, el valle se abre. Conforme descendemos la imagen del Jabalcón se va formando enmarcado en los márgenes del valle. En algún claro podían verse también las primeras aguas embalsadas del Negratín, allá por el Cortijo del Cerrillo.

Cuando el río está a pocos metros y aún estamos en altura, el sendero desaparece. Esto obliga a buscar un camino seguro para el último descenso hacia el valle. No es escarpado y el terreno es blando y fácil, pero hay que tener cuidado.

 

 

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Quillotro - Benzalema desde el Pino Virao
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En la otra orilla, bajo Carramaiza, las avenidas de agua deforman los materiales y dibujan distintas formas: incluso un puente de piedra.

 

Una vez abajo, el valle es más amplio de lo que parecía. La vegetación que crece cuando el pantano se retira, estaba en aquellos días agostada. Era poco tupida y no molestaba para caminar. El pantano hacía mucho que dejó de inundar esa parte del río, probablemente 4 o 5 años. Hoy vuelve a hacerlo.

 

También aquellos días la corriente apenas alcanzaba tres metros de anchura. Mi ruta continuaba siguiendo el río entre brozas secas y altas. Aproveché para avanzar por los caminos hechos entre la maleza por los animales que bajan a beber.

 

En la orilla derecha del río, la cueveña, por la que descendía, aparecen restos de piedra y madera amontonados: los últimos testimonios de las viviendas que allí hubo. Por ejemplo, el Cortijo de la Selva.

 

En la orilla izquierda, la de Carramaiza, también abundan los restos de cortijos, como también las cuevas confundidas con el terreno. Esta orilla la recorre un camino practicable con coche y al que se puede acceder desde el merendero en la parte cueveña.

 

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En la parte derecha no hay cuevas. El terreno debió parecer dificil de trabajar: son paredes verticales enormes e impracticables que nos empujan hacia el rio para poder continuar.

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Ya cerca del cortijo del Cerrillo, donde desemboca también la rambla de los Pontones, el río muestra una estampa espectacular.

Baja tranquilo, con un breve gorjeo, encajado en un surco sobre el barro seco, rodeado de árboles petrificados por las inundaciones pasadas. Esos árboles muertos que se enredan tétricos los unos en los otros, estaban preñados de nidos, abandonados en aquellos días de noviembre. Un mustio y húmedo pasto verdoso terminaba la estampa.

Apetecía seguir más tiempo allí, pero el sol ya estaba puesto a mis espaldas y aún tenía que encontrar el camino de vuelta. Seguí el curso del río con la intención de cruzar el llano hasta la cuesta Doblas. Esa era la intención, pero el llano estaba completamente embarrado: me encontré atrapado en tierras cenagosas, sin camino y casi a oscuras. Que no cunda el pánico. Me dirigí hacia la desembocadura de la rambla de los Pontones siguiendo las huellas de animales (creí que si no se hundía un jabalí, tampoco yo) y atravesada una línea de tarais y con barro hasta las rodillas, encontré un camino seco que bordeaba la loma Enmedio, la rambla de los Pontones y acababa finalmente en la Cuesta Doblas.

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En adelante todo es camino practible y fácilmente seguible, incluso de noche (ya lo comentamos en la excursión a la rambla de los Pontones). Y de noche era cuando alcancé la carretera. Aún me quedaban casi dos horas para llegar al inicio del trayecto donde dejé el coche, pero una providencial llamada para recogerme alivió mi travesía nocturna.

Quillotro - Benzalema desde el Pino Virao

 

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