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OCIO

 

La compañía: quiero ser una tele

Lectura propuesta por Antonio Checa
22 de octubre de 2009

Como de todos es sabido, el ser humano es un ser sociable. Siempre necesita, se diga o piense lo que se diga y piense, que nos desarrollamos gracias a las influencias sociales, de las personas, de su interactuacion con ellas. Todos buscamos y necesitamos de esas relaciones.

Desde que se nace, un bebé busca siempre su relación maternal. Luego, busca amigos y cosas para el juego. Con el paso del tiempo, buscara relaciones de pandilla para pasar y matar el tiempo. Con la juventud llega el momento de reafirmar y ampliar relaciones personales llegando posteriormente a “crear” (tener descendencia) otros seres para su culminación personal y vital. Es lo que se suele decir, es ley de vida.

No hace mucho, se celebró el llamado día del mayor, de las personas mayores. Por ahí va mi reflexión. Son gente, que han pasado por todas las etapas que he esbozado anteriormente: han tenido madre, han jugado de pequeños, han tenido amigos, han formado familia. ¿Que viene después? Creo que son los grandes olvidados de nuestra sociedad. Cierto es que en las mas recientes décadas han mejorado mucho su situación y su apreciación social. Y sus hijos: ¿Qué hacen por ellos? ¿Qué podemos hacer para que la vida que tengan sea más vida en el pleno sentido de la palabra?

En muchas ocasiones, nos obsesionamos por las cosas que tenemos que poseer, por los conocimientos que tenemos que adquirir, por las destrezas que nos gustaría dominar, con las cosas que nos gustaría que ellos compartan con nosotros. Nos desvela la pretensión de que no les falte de nada. Y para ellos trabajamos con mucho esmero y ahínco. Pero caemos en una trampa: no estamos con ellos. Buscamos lo mejor para ellos sin darnos cuenta de que los estamos privando de lo esencial: la compañía.

Voy a contar con palabras de un niño, un texto que leí hace un tiempo y que recientemente volví a leer.

“Un niño meditando en su oración, concluyó:
 Señor esta noche te pido algo especial, convertirme en un televisor.
Quisiera ocupar su lugar. Quisiera vivir lo que vive la tele de mi casa. Es decir, tener un cuarto especial para mí y reunir a todos los miembros de mi familia a mí alrededor. Quisiera ser tomado en serio cuando hablo. Convertirme en el centro de atención al que todos quieren escuchar sin interrumpirle ni cuestionarle. Quisiera sentir el cuidado especial que recibe la tele cuando algo no funciona.

Y tener la compañía de mi papá cuando llega a casa. aunque esté cansado del trabajo. Y que mi mamá me busque, en lugar de ignorarme. Y que mis hermanos se peleen por estar conmigo. Y que pueda divertirlos a todos, aunque a veces no les diga nada. Quisiera vivir la sensación de que lo dejen todo por pasar unos momentos a mi lado.

Señor, no te pido mucho. Sólo vivir lo que vive cualquier televisor”.

 Conmovedora y profunda demanda. Los adultos, acuciados por los trabajos y las ocupaciones no solemos pensar que algo tan simple y sencillo, pueda llegar a dar tan fértiles resultados, olvidamos que lo que más necesitan los mayores es tenernos a su lado haciendo patente el amor, ese que tanto han dado por nosotros mismos, y que estoy seguro que también, en su momento, lo necesitaremos nosotros mismos. Nadie quiere ser mayor, pero a todos nos gustaría llegar a serlo.

Saludos y gracias por vuestro tiempo en leerme.

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