Quillotro
OCIO

 

Cuevas de Salomón

© Joaquín Hortal
15 de febrero de 2007

Quillotro - Rambla SalomónPasados "Los hoyos" siempre a la izquierda, el cejo en el horizonte, la "Cueva de Venegas" primero abajo y luego arriba; por donde el camino esté cada vez más bacheado. Dejamos el coche al pie de la "Cueva de Medina" (ahora nave de "los Simones"): se abre la rambla de Salomón.

Desde arriba el agua sólo se intuye: una garganta excavada con rumor de piedras, olor a humedad y cañaverales. Algún sonido de faenas de campo. No es temprano y todo el valle está iluminado. Sierra Nevada al fondo.

Por encima de la garganta, la rambla se ensancha y se deja cultivar. Su lomo derecho, orientado al sureste, soleado todo el día, acoge cuevas y cortijos. Abandonadas y descuidadas estas viviendas apenas muestran que fue hace no tantos años cuando dejaron de estar habitadas.

Quillotro - Cueva en Salomón Quillotro - Cueva en Salomón

Cuevas en distintas alturas, aprovechando los entrantes más resguardados; algunas solo agujeros y otras más cuidadas. Un camino que ya no es transitado las comunica. En general muy amplias, su pobre aspecto exterior oculta un lujoso espacio interno de recovecos inesperados.

Quillotro - Cueva en Salomón Quillotro - Cueva en Salomón

"Los Mora", "Los Sánchez", "Los Chinorros", etc, son algunas de las familias que las construyeron o habitaron durante años.

Quillotro - Cueva en Salomón Quillotro - Cueva en Salomón

Unas semiocultas entre olivos revejudos y almendros tétricos, sin fachada y apenas distinguibles del resto del terreno. Otras con fachadas estucadas, con cortijo yuxtapuesto y corrales cercados o excavados.

Quillotro - Cueva en Salomón Quillotro - Cueva en Salomón

El pueblo se oculta tras la loma de la izquierda, tan lejos y tan cerca. Son aproximadamente unas 15 cuevas y cortijos hasta la desembocadura en la rambla de la matanza. Quizá hasta Quillotro - Almendroun centenar de habitantes en su mejor momento.

Bajamos siguiendo el ruido del agua hasta la misma corriente, donde sube el camino del "Cortijo de los Chinorros". Volvemos al coche por dentro de la garganta, remontando la corriente, entre huertos que aprovechan los giros del agua. Es difícil no querer despertar en una de estas cuevas una mañana de invierno con todo cubierto de nieve, y saberse más lejos que nunca del resto del mundo.

 

 

 

 

 

 

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