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MONOGRÁFICOS

 

¿Qué fue de la gripe A?

© Joaquín Hortal
30 de julio de 2010

Hace un año por estos días estabamos a vueltas con la famosa, a la fuerza, gripe A. En dos artículos, conspiranoicos y alarmistas y el fantasma de 1918 traté de resumir la información veraz de la que hasta aquel momento disponíamos, y concluimos que la alarma estaba siendo excesiva, sobre todo en la comparación con la pandemia de 1918.

Un mínimo recordatorio de como se desarrolló la pandemia inventada: por marzo de 2009 se produjeron los primeros casos en México. En abril estalló la alarma en todo el mundo occidental: la gripe, por entonces llamada mexicana o porcina, había nacido y prometía hacerse muy famosa. Se produjeron las primeras muertes en México y también en EEUU. Tanta fama había adquirido la noticia que fue inevitable que decayese, la borrachera de éxito trajo una resaca de silencio durante los meses de mayo y junio. Pero a finales de éste comienza la segunda oleada mediática: la primera muerte en España asignada a la gripe, una joven embarazada, dibuja el horror de un presumible holocausto virológico similar a 1918.

Las autoridades mexicanas y el lobby del cerdo presionaron para cambiar el nombre: pasó a llamarse gripe A. Al caso de la embarazada, con todas las aristas típicas de acusaciones de negligencia mal fundamentadas, se sumaron nuevas muertes: siempre se hacía hincapié en que eran personas previamente enfermas: querían asustar, pero no tanto. Pero ya daba igual lo que dijeran: durante julio y agosto todos los noticiarios de radio y televisión así como todos los diarios abrían con la gripe A. La noticia rodaba sobre railes y ya era imparable. Y en estas nos quedamos hace un año: dudando con quien alinearnos, si con conspiranoicos o con alarmistas.

Estabamos en julio y agosto, momentos del año en los que la gripe apenas tiene incidencia en España, y la pregunta que todos nos hacíamos era: ¿qué será de nosotros cuando llegue el invierno? La hecatombe. Sin embargo, en lugar de mirar hacia delante, bien podríamos haber mirado hacia atrás, es decir, podríamos haber intentado generar una situación realista mirando lo que había ocurrido en el hemisferio sur, por aquellos meses en su invierno austral, y que podía ser estimativo (cuando no fiel reflejo) de nuestro futuro invierno (boreal).

Esta histeria, que afectó más a los medios y a los políticos que a la población, generó caras decisiones, y no solo en el sentido monetario. La ministra de sanidad, con solo unos meses en el cargo, Trinidad Jiménez, se convirtió en el rostro político más conocido e influyente del verano de 2009 y los meses que le sucedieron. Hora sí, hora también, se desfondaba en todos los medios con nuevas medidas, nuevos protocolos, nuevas actuaciones, nuevas reuniones con consejeros y consejeras de sanidad, nuevos acuerdos con educación, etc. Ya en aquellos días Trinidad dijo que se comprarían 13 millones de vacunas contra la gripe A (pese a que no estaban suficientemente experimentadas) y aseguraba que disponíamos de antivirales (Osertamivir) suficientes para sobrevivir a la pandemia. En aquellos momentos de incertidumbre, no eran pocos los científicos de todo pelo (medicina, epidemiología, biología y hasta la famosa monja catalana) que empezaron por pedir prudencia y acabaron, con los datos en la mano, por gritar a los cuatro vientos el absurdo de la alarma y el peligro, por exceso, de las medidas que se estaban tomando.

Comandando este desaguisado estaba la OMS y sus supuestos expertos, y en los vagones de cola iban los políticos que decían "sí guana" a cuanto la OMS disponía: entre ellos nuestra ministra, nuestra consejera, y los y las consejeras de los otros 16 sistemas autonómicos de salud. A tanto llegó la ceguera que llegaron a implicar al más que cabal ministro de educación, Ángel Gabilondo, que llegó a plantearse aquello de retrasar la incorporación de los escolares a la escuela en septiembre por sabe dios qué razón... al final triunfó en el ministro lo que más se le supone: el sentido común, y no hubo alteración del calendario escolar .

Y mientras, la oposición, el Partido Popular, hacía de las suyas. Tan implicado como el PSOE en la crisis dado que la mitad de las Comunidades Autónomas están en su poder, inicialmente apoyó sin condiciones al gobierno para después lanzar las pullitas de rigor: Ana Pastor, encargada de sanidad del PP, pedía vacunas para todos en agosto. Venga, fiesta, si unos tontos, los otros no les iban a la zaga.

Mientras tanto, el mínimo sentido común se quedaba encerrado en el tercer poder en discordia (que ya no es la iglesia): con los medios y el poder político vendidos a la pandemia, se alzó el lado no mediatico de Internet en nuestra ayuda (la web 2.0 o lo que es lo mismo, los contenidos que generamos los usuarios de Internet que no somos "profesionales" de esa labor). Miles de médicos y médicas en sus blogs difundieron proclamas que llamaban a la tranquilidad y prudencia desde el inicio de la noticia. Aquellos que hace 10 años no habrían tenido voz, se reivindicaron a través de Youtube (la famonsa monja), de comentarios en las noticias de los periódicos digitales, de post repetidos de blog en blog... y la información llegó a la gente; el sentido común, más allá de nuestros gobernantes, nos impregnó. Existió una uniformidad aceptable por parte del estamento sanitario: casi ningún médico o médica fue alarmista ni recomendó el tratamiento con Osertamivir o la vacuna de la gripe A. La gente vencimos a la pandemia, pese a las trabas que nos puso la administración.

 

¿Por qué no quisieron oir?

Pero repasemos por qué la alarma ha sido un ridículo para nuestros dirigentes. A finales de agosto de 2009, cuando en Australia, Chile y Argentina (países válidos en la comparación con España por población y características socio-sanitarias) el invierno tocaba a su fin, teníamos datos muy válidos para evaluar el impacto que la gripe A podría tener en Europa y particularmente en España. Los podemos resumir en:

  • No hubo gripe estacional
  • La infectividad (número de personas que se infectaban) de la gripe A era igual que la de la gripe estacional
  • La mortalidad era menor que la de la gripe estacional
  • La gripe afectaba a menores de 50-55 años

Analicemos uno a uno estos datos y que hicieron nuestras autoridades con ellos:

1. El invierno austral no había sufrido gripe estacional

Es decir, el espacio de enfermedad que ocupa todos los años la gripe estacional, este año lo había ocupado al completo la Gripe A. Así por cada 100 casos de gripe, se vio que 94-95 habían sido de gripe A.

Sabiendo esto el uno de septiembre, ¿qué hicimos en España? A mediados de septiembre, con el aplauso de todos los estamentos sociopolíticos del país, se adelantó la vacunación frente a la gripe estacional (que todos los años tiene lugar en octubre): ¡¡pero contra que gripe!!

Si partimos de la dudosa eficacia que tiene dicha vacuna en épocas de alta incidencia de gripe estacional: en el mejor de los casos, la eficacia es del 40%: a 6 de cada 10 que se vacunan no les sirve de nada la vacuna (pero les puede producir efectos adversos) imaginaos que eficacia podría tener en 2009 que sencillamente no hubo gripe estacional.

Es decir, la vacuna de la gripe estacional no es costo-efectiva en condiciones normales (produce más perjuicios que beneficios), pero es que además en 2009 no hubo gripe estacional (y se sabía que no iba a haberla). A quién haya muerto o padecido gravemente un efecto secundario de la vacuna (y cuando se vacunan más de 10 millones de personas, alguno habrá) ¿cómo le explicamos que esa vacuna no le iba a servir de nada?

 

2. La infectividad del virus era similar al de la gripe estacional.

Habíamos escuchado una y mil veces que el virus era mucho más agresivo, y sin embargo no fue cierto. De hecho en España el pico de gripe fue en noviembre, y fue además mucho más moderado de lo que lo había sido en 2008 y 2007 (ver gráfico abajo).

Quillotro - Gripe A
La línea más oscura corresponde a los episodios de gripe de 2009 (según busquedas en google que son perfectamente estimativas de los cuadros reales). Las líneas más tenues corresponden a los picos de gripe de los 5 años previos a 2009.

 

3. La mortalidad había sido hasta 10 veces menor que en años anteriores.

Es decir, la gripe A no sólo no era más grave sino que se podía decir que era hasta 10 veces más leve que la gripe estacional (Tasa de letalidad <0,01% frente a la de la gripe estacional que es <0,1%). En España, hasta que me cansé de llevar la cuenta, creo que no se pasó de 400 o 500 muertes achacadas a la gripe: ¡¡400!! cuando la mortalidad esperada por gripe cada año no baja de 2.000. Y podemos estar seguros que nadie que muriera por gripe A dejó de contabilizarse porque nunca una epidemia ha tenido un seguimiento tan exquisito como ésta.

 

4. La gripe A afectaba a menores de 50-55 años

No podemos olvidar que una de las causas de la baja letalidad de la enfermedad es que era casi exclusiva de las capas más sanas de la población: los jóvenes. La circulación del virus H1N1 desde 1918 hasta 1956 de forma cíclica hizo que la población nacida antes de 1956 tuviera una alta probabilidad de estar inmunizada de forma natural frente a la gripe A. ¿Por qué se ha incluido entonce a los mayores de 65 años entre la población de riesgo que había que vacunar? Otro misterio curioso.

 

Vacunación frente a la Gripe A

Y con todos estos antecedentes el 16 de noviembre se decide comenzar la vacunación frente a la gripe A. El pico principal de gripe A ya se había producido y sabíamos, ya en carnes propias, la baja mortalidad del cuadro. Yo pasé dos días de fiebre y dolor de garganta a finales de octubre: no me atreví a decir nada por si me recluían en casa durante una semana. Si a todos los sanitarios que padecimos estos síntomas entre octubre y noviembre nos hubieran aislado en casa siete días la alarma se habría generado por ausencia de sanitarios.

Tres eran la razones para no vacunar:

  • Desconocimiento del coste-eficacia de la vacuna: La vacuna podía ser eficaz o no serlo, pero lo que es seguro es que podría producir efectos adversos, detalle de gran importancia cuando se dirige a 12 millones de personas.
  • La levedad de la patología a evitar: si la enfermedad es leve, y la gripe A había demostrado que lo era, la vacuna debe ser absolutamente inocua para que valga la pena administrarla. Pero válganos un ejemplo: en 1976 en EEUU se hizo una campaña de inmunización masiva frente al mismo virus H1N1. Se produjeron efectos adversos muy graves (Guillain-Barré, una enfermedad neurológica) y muy amplios que obligaron a dejar de vacunar; pues bien, la pandemia de gripe para la que se vacunó no llegó: ¿no hemos aprendido nada del pasado?
  • Baja incidencia en mayores de 50 años. Y pese a esto, uno de los grupos de riesgo para los que se recomendó la vacuna fueron los mayores de 65 años.

La población, inteligente como nunca, hicimos caso omiso: en Andalucía solo el 16% de la población llamada a vacunarse acabó haciéndolo. En toda España se compraron 13 millones de dosis y solo se llegaron a administrar 2 millones (mayormente empleados públicos expuestos a la población): ahora buscamos un primo, a poder ser del tercer mundo que están sobrados de dineros y de enfermedades, que nos compre el sobrante y nos haga disimular el ridículo.

Pero lo más sangrante fue la grave y dudosa exposición que se realizó con las embarazadas. Se las conminó a vacunarse con la amenaza de la mayor gravedad y mortalidad que ellas podían padecer. Exponer a la población general a una vacuna poco probada y que no sabemos sus efectos beneficiosos ni adversos, más aún cuando la enfermedad contra la que se vacuna es absolutamente banal en un altísimo porcentaje, es muy grave. Hacerlo en embarazadas donde los efectos adversos pueden ser más graves con repercusiones sobre el feto, es un verdadero crimen.

Para colmo, cuando ya se vio que el negocio decaía, que ya nadie se creía que la gripe A fuera una de las epidemias que esquilmaría la humanidad, surgieron nuevos rumores malientencionados: a finales de noviembre, cuando las cifras de vacunados erán ridículas, aparecen noticias igual de ridículas de que en Noruega se habían detectado cepas mutantes ultra-mega-hiper-agresivas, etc.

Poco después, cuando ya nadie era capaz de defender el alarmismo pasado, empezamos a saber que la OMS dudaba de sus expertos por sus vínculos con la industria farmacéutica, o lo que es lo mismo, su vinculación con intereses bastardos (los dineros). Se iniciaron las investigaciones a cargo de la comisión de salud del consejo europeo para depurar responsabilidades, y el propio comisario de Salud, el alemán Wolfgang Wodard dijo: "han dicho que ha habido una pandemia enorme dos veces (gripe aviar y gripe A) y en ambos casos fue mentira". Supimos que unos meses antes de la declaración de pandemia de gripe A se había cambiado ese concepto para la OMS: pandemia era una enfermedad que afectaba a todos los países por encima del número de casos esperados y con alta letalidad; el nuevo concepto retiraba lo de "alta letalidad", por lo que pandemia pasaba a ser cualquier epidemia de gripe por leve que fuera. Lo que es peor: la pandemia de gripe A del año pasado, un año antes, en 2008 no habría sido catalogada de pandemia y seguro que no habría tenido tanta repercusión.

 

Conclusiones

¿Qué tendría que haber hecho la ministra? La situación ideal habría sido la prudencia en julio y agosto, así como dudar abiertamente del alarmismo de la OMS. Cuando hubo datos de la pandemia en el hemisferio sur, en septiembre, debería haber suspendido la vacunación de gripe estacional y anulado las peticiones de vacuna de gripe A, al menos para este año, dado que no había seguridades a su alrededor. Debería haber conminado a las consejerías a elaborar protocolos fundamentados en los de la gripe estacional: sin antivirales ni aislamientos innecesarios y peligrosos.

Asumimos que a posteriori todo es fácil de analizar y que como ministra debía manejar una grave incertidumbre alimentada por la OMS. Por tanto el comportamiento hasta septiembre del ministerio es más que aceptable. Después, los dos errores de las vacunas así como el del protocolo en muchos puntos absurdo, son imperdonables; al ministerio y a las consejerías. Se puede entender en clave política a través del oportunismo del Partido Popular y la presión que ejerció tanto para una vacunación masiva como para el estudio de las muertes por gripe A. Se puede entender en clave mediática por la fuerte presión que los medios realizaron con la noticia hasta la saciedad.

Se puede entender, pero tal exposición a intervenciones dudosas y peligrosas, y tal dispendio de recursos económicos en vacunas innecesarias y dudosas, en antivirales innecesarios y dudosos, en ingresos hospitalarios innecesarios y peligrosos, tienen que tener un responsable y estamos esperando que levante la mano. Hay foros serios que piden un enjuizamiento de los responsables del ministerio de sanidad: yo me conformo con que se reconozca que se hizo mal y se pidan disculpas.

 

En todo momento la gripe prometía más de lo que fue cumpliendo: mucho, muchísimo más de lo que final cumplió. Antes me preguntaba si no habíamos aprendido nada de los errores del pasado como fue el caso de la vacunación innecesaria de 1976 en EEUU: ¿aprenderemos algo de esta experiencia nueva con la gripe A?

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