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MONOGRÁFICOS

 

Historia creativa: Coves del Camp

© Joaquín Hortal
11 de octubre de 2007

     Recientemente en una conversación alguien dijo: “…y es que el catalán suena hasta mal…” Se dijo en el contexto de una recurrente vindicación de la uniformidad lingüística de España. Y lo curioso es que no es la primera vez que he escuchado algo parecido. Puede que hasta alguna vez también lo haya pensado. Esa animadversión frente a la lengua catalana y a lo catalán en general, se está convirtiendo en un habitual, en un lugar común del españolito medio y entre ellos, del andalucito medio. Este comentario, aunque frecuente, esta vez me dejó pensativo.

     Juguemos con los ¿Y si…?, y planteemos una reelaboración histórica a partir de un hecho aislado. 1243, el reino musulmán de Murcia capitula, y permite un protectorado por parte del reino de Castilla que tenía por rey a Fernando III. Posteriormente en 1266, el protectorado pasaría a una conquista y colonización completa por parte de los castellanos: aquí prácticamente finaliza la reconquista, pues solo queda con gobierno musulmán el reino de Granada que no se conquistará hasta 1492. Por entonces la península estaba dividida en tres reinos cristianos: Castilla (y León), Navarra y Aragón (y Cataluña en confederación) y el ya mencionado reino moro de Granada. El rey de Aragón era, por entonces, Pedro II, padre de Jaime I el conquistador. El siglo anterior se había caracterizado por una carrera de los dos grandes reinos cristianos, Castilla y Aragón, por incrementar sus dominios restándoselos a los musulmanes. Con Andalucía occidental en manos de Castilla, y Valencia en las de Aragón, el frente común era Murcia, y cayó del lado castellano. Castilla con esto cerró sus ansias expansionistas (ya vendría América en el siglo XVI): le quedaba Granada y no fue a por ella hasta 250 años después. Aragón si quería acrecentar sus posesiones, pero Murcia frenó su extensión en la península y dirigió sus intereses al Mediterráneo: conquistó las islas Baleares, Sicilia, Cerdeña y hasta fundó un ducado en Atenas y Neopatria (en la región de Tesalia).

     Fantaseemos, ¿y si Murcia hubiese caído del lado catalano-aragonés? Lo cierto es que a punto estuvo en 1296, cuando Jaime II se frenó en su conquista a última hora, conformándose con fijar la frontera en Alicante. Pero si Murcia hubiese sido aragonesa, habría sido repoblada con colonos catalanes mayoritariamente (al igual que Alicante).  Hemos dicho que Aragón quería crecer, pues ahí habría estado expedito el camino hacia el reino de Granada (Andalucía Oriental). Posiblemente los reyes aragoneses no habrían esperado tanto como los castellanos en culminar la reconquista, y habrían puesto pie sobre tierras de Granada antes de iniciar el siglo XIV: para que conquistar Mallorca estando más cerca Granada. Probablemente habrían entrado por dos líneas simultáneas: hacía Almería y hacia Baza, para embolsar la capital. Conquistada Baza, se habrían dirigido a Jaén, y las tropas catalanoparlantes habrían hollado los pastos del Campo y la Cañada de los Aljibes. Colonos aragoneses y catalanes, muchos previamente asentados en Murcia, habrían ocupado Zújar, trayendo sus costumbres y su idioma… su catalán. Hoy, 700 años después, y con una supuesta evolución histórica posterior similar a la real, posiblemente las provincias de Granada, Jaén, Almería y Murcia (quizá también Málaga, pero supongamos que al final se le cedió a Castilla) constituirían una comunidad autónoma con capital en Granada (llamémosla Andalucía Oriental: algo así se propuso en la II república por cierto). La preponderancia de Aragón en la constitución de España tras la unión de los reinos habría dado tanta importancia al catalán como al castellano: la mitad de España hablaría un idioma y la otra mitad otro, aunque seguramente en toda España se hablarían los dos. En Coves del Camp, desgajada de Zújar, hablaríamos el llamado “catalán del sur”, de acento cerrado y fuertemente influido por el árabe, y que un partido nacionalista andaluz oriental consideraría que es una lengua propia distinta del catalán: el Orientaluz.

     Esto es pura ficción histórica. Una recreación inocente que solo pretende mostrar que lábiles son los prejuicios frente a los azares históricos: en un sentido y en otro. España tiene cuatro lenguas oficiales con predominios territoriales y el que defendamos en exclusiva una u otra depende demasiado del azar como para considerarlo tan trascendente. Es más, el catalán es la segunda lengua de nuestro pueblo, y me explico: Cuevas del Campo ha cedido cientos de sus hijos a los territorios catalanohablantes de España. Entre los emigrados antes o después a Cataluña, Castellón, Alicante, Ibiza, Menorca y Mallorca y los nacidos en estos lugares como segunda generación de emigrados, es posible que sean más los cueveños que saben catalán que los que no lo sabemos. Conclusión: quizá no estaría de más proponer la enseñanza del catalán en el colegio San Isidro Labrador de Cuevas del Campo.

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