Quillotro

Dedicado a una cueveña y trianera de convicción: Maravillas Martínez Lozano

© JM Bueno Martínez
2 de marzo de 2011
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Quizás por  mi nombre no me conozcáis,  pero se mucho de ese bonito pueblo del altiplano, de grandes olivares y secanales. Soy un catalán de 34 años, pero arraigado a Cuevas del Campo desde que nací, ya que ningún verano ni ninguna Semana Santa he dejado de acudir a este fabuloso pueblo que vio nacer a mis antepasados maternos, a mis abuelos, a mi madre y a mis tías.

Después de leer siempre vuestros escritos en esta página web, me encanta la sección de la “gente Güena”. Y es por eso que me he propuesto escribir este pequeño artículo sobre mi abuela Maravillas, de Triana que este 6 de marzo se cumple tres años su muerte. De aquí mi pequeño homenaje a ella y para la gente de su pueblo.

Maravillas Martínez, trianera hasta la medula, nació un 28 de mayo del año 29 en el barrio, en la cueva de los Elías, todos contentos era una niña. Hija de la Tía María Josefa “la Elías” y del Tío Juan Pedro “Elías” guarda del agua “casi na!!!”, y hermana de 5 hombres.

Me contaba que desde bien pequeña cosía, y cuidaba de sus hermanos, y ayudaba a su madre a hacer camisones   “aunque era una casa de haberes, éramos muchos para vestir, y nos pasábamos cosiendo y lavando todo el día mi madre y yo, y cargando cántaros de agua del canal, mientras ellos estaban en el campo, cada uno con lo suyo, mi padre con el agua, otros labrando con los mulos, mi Andrés con el ganado y yo cargando con mi hermano pequeño”. Pero era feliz viviendo en su Triana.

Se casó a los 21 años con otro trianero Manuel Martínez conocido como “el chato Martínez”, aunque él había nacido en Triana provenían de la Sierra de Baza como muchos, un hombre listo e inteligente, gran segador y trabajador a quién la muerte se lo llevó con 49 años. Muchas veces me contó la historia de su noviazgo, como eran de familias que para ser aquellos años vivían bien, de vez en cuando le enviaba regalos, y cuando se discutían por alguna cosilla, los regalos se los devolvía, claro está que los presentes recorrían pocos metros, porque ambos eran vecinos del barrio. Me contaba también,  que incluso para cortejarla, un noche se presentó en su casa con una serenata, “ Que vergüenza sentí, aunque me gustó, naturalmente no los recibí yo, fue mi padre que les ofreció aguardiente a los muchachos”. Esta mujer de coraje, tuvo 3 hijas y 10 nietos, con los que ha vivido siempre, su vida ha girado entorno de su Triana y Barcelona donde vivimos nosotros. Pero sin duda, cuando llegaba a su casa, a su Triana, la alegría le resplandecía su buen ángel de cara y sus ojos marrones. Era una mujer guapa y bien plantá, seria, una mujer fuerte y del campo como decía ella.

Pues bien, hoy quiero rendirle un pequeño homenaje a esta mujer que ha significado tanto para mí, sin duda ha sido una de las personas que más he querido, y que sin ella no sería quién soy. Fue la primera persona que me cogió en brazos al nacer, y por aquello de ser su primer nieto, y además hombre, pues no quiero decir la significancia que para ella he sido. Conozco muy bien mis orígenes porque ella me los enseñó, todos los días de su vida hablaba de su Triana y de sus Cuevas del Campo, y de las tierras y quehaceres. Y nos ha  hecho a todos sus nietos querer este pequeño pueblo como si fuera el nuestro, y convertirlo en nuestra segunda residencia.

Me enseñó palmo a palmo el pueblo, desde los chaparrales al campillo, desde el huertecillo a las hermanicas etc.., o bien porque teníamos tierras o bien a través de sus vivencias. Me enseñó su cultura, la del aceite y la labranza, los vocablos de atrojes, pajar, almazara, la matanza, los azadones y azadillas, la caviñuelas de agosto, la merienda de los segadores, el trillo, el riego, los muleros, etc. Me enseñó sus comidas, alimentos de un pueblo y de una cultura con orígenes árabes, la olla, las gachas, las migas, la “fritá”, las gachastortas… y sus dulces como los roscos fritos, los de manteca, los picatostes o los paparajotes. Pero lo más bonito de todo, es que me enseñó, nos enseñó a ser buena gente como era ella, y a querer a esa tierra, a nuestros orígenes del campo, a nuestra Triana y nuestras Cuevas del Campo.

A veces sueño, y la recuerdo blanqueando su fachada de cal con azulete, o haciendo relleno o cortando jabón. Y a veces me despierto con el recuerdo de su voz enviándonos a comprar “al Pocho, al Molina, al Pescaero o al Vargas”…que recuerdos de una historia reciente y al mismo tiempo tan lejana, pero entrañable. O diciéndonos  chico coge el cartoncillo del pan que se siente ya el Chicotán venir”  y mis primos y yo salíamos con el cartón a comprar un pan chico, torta y bollos de aceite. Que recuerdos de nuestra vida, seguro tan presentes en todas las familias de Cuevas del Campo.

Ahora hace 3 años que no está, pero su recuerdo perdura en todos nosotros, en cada rincón de su casa, en su mecedora, en sus baúles y arcas donde guardaba su ropa, en sus fotos, en su máquina de coser, en su aparador, en su campo. Me acuerdo aquella tarde triste del 6 de marzo de hace tres años cuando murió de repente en los brazos de mi tía y míos, me acuerdo de su retorno a su casa para velarla con los suyos como ella quería en su Triana natal, y me acuerdo de aquel multitudinario entierro en Cuevas del campo, donde muchos cueveños les rindieron muchas muestras de cariño, agradeciendo de forma muy especial el poema que le escribió Mª Gracia “ la mujer de Pepe el Suave” , que no lo pudo leer en el sepelio por la emoción,  pero que nos lo hizo llegar y guardamos como mucho cariño. Y recuerdo como si fuera hoy, su sepultura junto a los suyos, ante su barrio, para permanecer para siempre ante el lugar donde no solo la ha vio nacer, sino la vio vivir llena de llena de felicidad.

Desde mi mayor cariño y recuerdo, en recuerdo de su memoria, de tu nieto que siempre te querrá y nunca te olvidará.


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