Quillotro

El esparto y Antonio "El Pocho"

© Antonio V. Martínez Cruz
29 de enero de 2011
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Después de una vida entera dedicada al esparto en todo el sentido de la palabra, Antonio me invita a recorrer “la antigua ruta del esparto cueveño”, junto a Joaquín Hortal de Quillotro. Un lujo para nuestros oídos y una belleza indescriptible de paisajes únicos, junto a “Puntal Blanco” y al fondo Sierra Nevada.

Nos habla sin parar como si hubiésemos vuelto al pasado y nos hace presente -como por arte de magia- a nuestros antepasados que vivieron aquella época de “hambruna”.  Hay momentos que se le atasca la garganta, se emociona y se le llena la cara de rabia y dolor, con los ojos de desbordándosele de lágrimas.

¡Cómo recuerda Antonio el Pocho -nuestro amigo del alma- a toda aquella “Gente Güena”  de entonces, con los que convivió y compartió día tras día penas, sudor, hambres y miserias.

En una mañana nos contó todo lo que se conoce del esparto cueveño, sin olvidar nada…

EL ESPARTO: también llamado atocha, es el nombre común de una hierba vivaz de la familia de las gramíneas originaria del Mediterráneo occidental y extendida por todos los rincones de Cuevas del Campo. Puede alcanzar hasta 1,5 m de altura; tiene la base ramificada y forma grandes macollas (conjunto de vástagos que nacen de un mismo pie) que conservan las vainas de las hojas viejas. Las hojas son duras y muy tenaces, de 1 mm de diámetro aproximadamente; suelen estar enrolladas por falta de  humedad. Las flores se disponen en panículas amarillentas formadas por muchas espiguillas.

Florecía en nuestro pueblo entre abril y junio en todos sus rincones y las fibras de las hojas se utilizan en la industria del papel, aunque su uso principal ha sido la fabricación de todo tipo de cestas, diferentes utensilios y cuerdas.

El esparto se transportaba hasta nuestra localidad -después de ser recogido-, en pequeños haces y se depositaba en albercas. Tras varios días en contacto con el agua, el material sufría un proceso de cocido que le quita el color verde evitando con ello el que, una vez transformado pueda manchar.

Una vez cocido se sacaba de la alberca y se depositan las "manás" en posición vertical para su secado al sol.

Una vez seco es el momento de trasladarlo a la fábrica donde se acopia a la espera del comienzo de su proceso de transformación.

Antiguamente el esparto se "majaba" (machacaba) con unos mazos.

RECOLECCIÓN

La recolección, aunque se podía hacer durante todo el año, era mejor realizarla en primavera porque es el tiempo en que la calidad es óptima.

Para utilizarlo en la artesanía, el esparto no se siega; tiene que recogerse entero, incluida la raíz. Así se van reuniendo con las manos pequeños manojos y se tira enérgicamente hacia arriba.

A veces, después de este proceso, se incendiaba el espartizal para que se regenerara con mayor fuerza y así podía seguir produciéndose durante más años.

SECADO Y CURACIÓN

Tras la recolección se procedía a limpiarlo con una selección de las mejores piezas. El esparto recolectado se agrupaba y ataba en pequeños mazos que permitan ser expuestos al sol convenientemente durante cuarenta días para secarlo. Así adquiría su típico color dorado.

TRATAMIENTOS

Una vez secadas las hojas, éstas podían seguir dos tratamientos diferentes, dependiendo de la utilidad que se le iba a dar posteriormente: se podía trabajar directamente como crudo o en forma de esparto picado.

Esparto crudo: Para que recuperara la flexibilidad necesaria para poder trabajar con él, había que remojarlo uno o dos días antes.

Se tejía en anchas tiras (pleita) formadas por tantos ramales como se deseaba, siempre que sean impares; los más usuales están comprendidos entre trece y diecinueve. Cada ramal estaba formado a su vez por cuatro, cinco o seis espartos. Con esta cinta se elaboraban las cestas, cinchos, capazos, alfombras, tizneros y demás objetos.

Esparto picado: Tras el secado, se curaba metiendo los haces que se habían formado previamente en grandes balsas de agua y procurando que ésta los cubriera por completo; los haces debían estar sumergidos en agua durante unos cuarenta días para que adquieran mayor resistencia. Transcurrido este período de tiempo, se dejaba secar y se procedía al picado de las hojas. Con una maza de madera (generalmente de encina) se golpeaba repetida e insistentemente contra un tronco (de almendro, olivo, pino o similar) hasta que las múltiples fibrillas que conformaban las hojas quedaban separadas. Con este tipo de esparto se hacían las “lías” o trenzas, que son la base de toda la artesanía posterior.

UNA TRADICIÓN MUY NUESTRA

La manufactura del esparto ha sido parte muy importante de la vida cotidiana de Cuevas del Campo.

 

Desde tiempo inmemorial, encontramos objetos empleados tanto en el utillaje del agricultor como en los del ganadero. También ha estado presente en todo lo relacionado con la confección de herramientas para la casa de labor, serijos, cestos, alforjas, serones, espuertas, etc.

EL ESPARTERO: Persona que trabaja el esparto en algunas de sus variedades. En una zona como la nuestra, eminentemente agrícola, el esparto tuvo bastante importancia en épocas pasadas puesto que de este material se hacían muchos de los aperos utilizados en nuestra agricultura; como por ejemplo las siguientes:

LAS “AGÜERAS”: Su nombre se deriva probablemente de agua, porque uno de sus fines era traer en ellas cántaros de agua aunque lógicamente se utilizaba para cualquier cosa; las aguaderas estaban formadas por cuatro compartimentos, cuya medida era la de un cántaro, unidos dos a dos, y cada pareja por unas tiras de pleita (dos o tres) de modo que cada pareja de compartimentos cayera a un lado del animal (burro, mulo o caballo), quedando la pleita de unión atravesando el lomo. Lógicamente por ser los tamaños de las bestias de carga diferentes, el espartero cuando hacía las aguaderas las hacía de un tamaño diferente, según fuese la bestia.

LOS SERONES: De forma alargada especie de barca que se terciaba en las caballerías y que se utilizaba entre otras tareas para llevar el estiércol al campo. También por su cabida en algunas ocasiones se utilizaba para traer melones o sandías y cuando ya no quedaban demasiadas en el melonar y no era necesario utilizar el carro.

SEROS: De forma cilíndrica y de altura aproximada de un metro, era empleado para el transporte de la aceituna, por lo cual la parte superior disponía de una tapadera cosida en un solo punto y que se cerraba con una cuerda. Su capacidad era de unos cuarenta y cinco o cincuenta kilogramos de aceitunas.

ESPORTÓN: Para hacernos una idea, es como una especie de cestillo con dos asas que se utilizaba para el porte manual de cosas a depósitos más grandes, por ejemplo, las aceitunas desde el olivo hasta los seros. Si era de tamaño pequeño se llamaba espuerta, y si era pequeñito esportillo.

ESTERAS: Es una pieza de esparto que hacía la misma función que hoy en día las alfombras o felpudos, utilizado para resguardar el pasillo de la casa, que entre otras cosas podía ser dañado por las caballerías al entrar hasta las cuadras. Eran numerosas las casas que para llegar de la calle al corral donde se encontraban las cuadras hubiera que atravesar todo el cuerpo de casa. Si la estera era de pequeño tamaño se llamaba esterilla.

CINCHO: Especie de "corsé" para los quesos. Es una tira de pleita enroscada donde se mete la leche y la cuajada hasta que se va secando. Se le va apretando en algunos momentos para que se "escurra" el queso.

Para estas tareas del espartero, se utilizaban sobre todo tres clases de agujas para coser el esparto. Una aguja redonda que era la que se utilizaba para el cosido propiamente dicho. Una plana larga que se utilizaba para bastear (poner un refuerzo en todos los utensilios de esparto), y una plana más pequeña utilizada para los remates.

Termino con todo mi cariño, admiración y gratitud por este hombre amigo. Para él todo mi agradecimiento, gratitud y amistad. Gracias Antonio.


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