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MI CUEVAS

 

Una historia del 21N: la primera noche

© Joaquín Hortal
21 de noviembre de 2009
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Ello genera una fuerte contestación popular que desemboca en una asamblea en el patio de las escuelas donde, en pleno ejercicio democrático, se le piden explicaciones al Ayuntamiento en las personas del Alcalde y del Secretario del mismo. Allí se perfiló el que Pepe Hortal fuese nombrado como Alcalde Pedáneo que canaliza las inquietudes de los vecinos de Cuevas y que posteriormente, el 25 de septiembre, propuso la creación de una comisión de segregación que coordinaría y actuaría de motor en el inicio del proceso de la misma.

Segregación, Andrés Prieto Martín

Un nuevo 21N y ya van 29 tras la famosa publicación en BOE de la resolución del consejo de ministros de aquel año de 1980. Pero no voy a hablar del día que se conmemora, si no de dos años y medio antes, el día que comenzó todo.

Los antecedentes de la segregación se pueden remontar a 1930, año en que, al parecer, de una forma muy seria llegó a los juzgados un primer intento de autonomía de Cuevas del Campo mediante la conversión en Entidad Menor. La única referencia fidedigna de que dispongo es el breve que Google nos deja ver de un Repertorio de Jurisprudencia de 1930 en el que se alude a la reposición contra la denegación de esa petición de conversión en Entidad Menor. No es mucho, pero algo nos permite adivinar. Los ánimos desde siempre se habían dirigido a lograr la separación,  “En Zújar, desde niño, cuando iba a casa de mis primas, siempre teníamos la polémica montada con el tema de la independencia, desde zagales”, dice Pepe Hortal.

El movimiento definitivo que llevó a los cueveños a reclamar su autonomía nació, como no, de una indignación colectiva al siguiente edicto de la alcaldía de Zújar, del 27 de abril de 1977:

"D. JULIO NAVARRO RULL, ALCALDE PRESIDENTE DEL AYUNTAMIENTO DE ZUJAR (GRANADA)

HACE SABER: que el lunes próximo, día 2 de mayo y hasta el 12 de dicho mes, se procederá a formalizar el contrato de suministro de agua potable a domicilio e instalar los contadores en Cuevas del Campo, recordando a los usuarios la conveniencia de hacer lo siguiente:

1.-Se personarán en las antiguas escuelas sitas en Puerta Real, a las horas de oficina, los usuarios del agua, provistos del D.N.I. para abonar el importe y colocación del contador cuyo precio de ambas cosas es de MIL SETECIENTAS CINCUENTA (1.750)  pts.
2.-La instalación deberá estar de tal forma que el fontanero solo tenga que acoplar el contador; en caso de que la instalación esté embutida, el usuario, con anterioridad, debe tenerla dispuesta para la puesta del contador; pues en caso contrario habrá de abonar el importe de dicho trabajo, ya que si no lo hace, el fontanero procederá al corte del suministro del agua
3.-Es imprescindible que los usuarios pasen por las oficinas municipales sitas en las antiguas escuelas de Puerta Real antes de pasarse el fontanero a instalar el contador, en evitación de vernos obligados a proceder al corte del suministro y abonar los gastos que se originen con la nueva conexión a la red; como así mismo tendrán que pasar por el ayuntamiento de Zújar para regularizar su situación.
4.-El orden de instalación de los contadores será el siguiente: se empezará por el Barrio Decaradas, continuándose por S. Isidro, Carretera en sus dos márgenes izquierda y derecha desde la entrada hasta la salida total de Cuevas el Campo, Gorrión, Violín, Cantarranas, Cuartones y Triana.

Lo que se hace público para general conocimiento.
Zújar, 27 de abril de 1.977
El Alcalde

(Texto extraido del libro de Andrés Prieto Martín "Segregación")


En el mes anterior se habían ido instalando las redes de abastecimiento y de saneamiento del pueblo, y junto con las redes se empezaron a instalar también los contadores. Antes de esos días, es decir, antes de abril de 1977 en las Cuevas del Campo de los Aljibes, barrio de Zújar a más de 15 kilómetros de la metrópoli, no existía el agua corriente salvo en contadas viviendas. El que quería agua tenía que ir con los cantaros al canal más cercano. Por lo que con el malestar que había en Cuevas por el subdesarrollo en que nos mantenían, cuando al fin llega un poco de civilización con el abastecimiento, no se aceptó bien que además cobrasen. Sin embargo no dejaba de parecer razonable que se pusieran contadores: “Se nos ocurrió pensar que contadores no tenían que poner y menos antes de acabar las obras” dice Pepe. Andrés Prieto, en su libro “La segregación” lo explica así: Considerábamos que dicha instalación era improcedente por varios motivos: el agua estaba pagada de antemano por los regantes, al proceder de la Bolera; las aguas no recibían los correspondientes tratamientos sanitarios y la red de abastecimiento y alcantirallado se estaba construyendo y aún no era municipal

Pese a todo, los contadores se empezaron a poner. Hubo revueltas, cortes de agua, y hasta hubo quien arrancó contadores en respuesta a lo que consideraban una chulesca imposición. Ante la contestación generalizada de los cueveños, el alcalde, Julio Navarro Rull, decidió reunir a los habitantes del anejo y dar explicaciones.

12 o el 13 de mayo de 1977. 9 o 10 de la tarde-noche. Escuelas de abajo. Patio de atrás, el grande. Gran afluencia de cueveños, como no cabía esperar otra cosa. En un altillo, un a modo de tarima, se dispusieron el alcalde, Julio Navarro Rull, el alcalde pedáneo, Ramón Vico Ruiz, el secretario del ayuntamiento, y la Guardia Civil, uno a cada lado. Julio Navarro indicó la necesidad de poner contadores en la nueva red de abastecimiento. El público asistente no se mostró conforme con lo explicado. Hubo quejas por los contadores, el tema que los reunió allí, pero salieron temas antiguos. Esta asamblea fue el desahogo de un sin número de quejas seculares: la ausencia de alumbrado público, la precariedad y escasez de las fiestas patronales año tras año, el tema del dinero dado para los caminos,... y en general el agravio comparativo con Zújar, la metrópoli.

Julio Navarro rebatió y dijo aproximadamente “no penséis que Zújar está tan aventajado, que en Zújar estamos casi por los mismos derroteros, allí no se invierte un duro…” La polémica estaba servida, y el descontento generalizado se dirigió a los dos alcaldes. Distintas voces más o menos tímidas se alzaron, y aunándolas a todas la de Pepe Hortal que entresacó las distintas demandas cueveñas, las rencillas seculares y le espetó los agravios al alcalde. Franco llevaba año y medio muerto, pero no había muerto aún el franquismo, por lo que hablar de esa manera a un alcalde no-electo, de corte aún franquista no debió ser nada fácil. Esto envalentonó otros comentarios, y no faltaron algunos que saltaron “hijos de puta”. Antonio Pérez “El Piri dio lectura a algunas reivindicaciones redactadas por algunos de los vecinos. Ángel Corral “Benegas” también intervino para apoyar lo dicho por Pepe Hortal y recordó el tema del dinero que habían dado para los caminos y que, al parecer de forma nada legal, se había reducido a la mitad con la consiguiente repercusión en menos jornales.

Tras la discusión, Julio Navarro trató de aplacar los ánimos y volcar responsabilidades sobre su pedáneo. Se escudó en que no tenía inconveniente en cambiar el alcalde pedáneo de Cuevas y poner aquel que los Cueveños le dijeran. Los vecinos interpretaron esto como un triunfo: el alcalde había claudicado y había concedido potestad a los cueveños para elegir su alcalde pedáneo. Julio Navarro sin saberlo, con aquella reunión y con aquellas concesiones, había unido voluntades y creado la primera infraestructura: aquel nuevo alcalde pedáneo surgido de la “rebelión” del pueblo. Desde siempre se había hablado de la separación de Zújar, pero no fue hasta este día que se creó una estructura de asociación para lograr ese fin.

La junta duró hasta las 11 o más de la noche. “Tras la reunión nos fuimos al bar de (Jesús)Peláez”. Iban unos 30 o 40, entre ellos la mayoría de los que después conformarían la comisión de vecinos. Todos hombres; eran otros tiempos. “El Piri”, Ángel el de Cirilo, Manolo Peláez, Andrés el maestro, Serapio, Gregorio el Loco… Entre todos decidieron que sería Pepe Hortal, quien más vehementemente se había enfrentado al alcalde de Zújar, aquel que propondrían para que fuera nombrado alcalde pedáneo.

Aquella tarde-noche Isabel, casada sólo siete meses antes y embarazada de sólo una falta, estaba en casa de su madre. Era de noche y esperaba que volviese Pepe de la junta en las escuelas. Se asomaba a la puerta cada pocos minutos para ver si subía. Sobre las 11, cuando acabó la junta, los vecinos del barrio que habían asistido empezaron a aparecer en corrillos sueltos: Juan el de Adelina, el Cano el Gordo, Vadillo... “¿Ha terminado ya?” preguntó Isabel “¿Y Pepe, no sube?”. “Si Pepe, a Pepe no lo esperes, no sabes la que ha armado, y muy bien dicho todo”, contestó Juan. Al final, acompañado de su suegro Joaquín Chingara, subió más tarde de la una: y eso que unas horas más tarde, casi al amanecer, le esperaban las vacas para el ordeño. “Y tú porque no fuiste”, Isabel se queda extrañada no tanto de la pregunta como de no haber ido a aquella histórica junta “entonces las mujeres no íbamos a todos esos sitios”.

Al día siguiente “Eloy, Serapio, el Cano el Terrible y otro más que no recuerdo” llevaron a Zújar la petición de nombramiento. Sólo unos días después volvió a Cuevas la credencial de alcalde pedáneo para Pepe Hortal.

La mecha estaba encendida. Pasado San Isidro, a los pocos meses, ya no paraban de darle vueltas a la separación. En septiembre se convocó una asamblea en el salón del suave para dar a conocer la comisión de vecinos y pedir la aprobación popular de la misma. Se midió el pulso del pueblo, y se vio que el ánimo de los vecinos era muy proclive la separación: dieron todos su apoyo. La comisión de vecinos salió legitimada de aquella junta para iniciar todos los trámites que años después terminarían en el 21N.

El problema de Zújar es que nunca se lo creyó, y se lo tomaron en serio cuando ya estábamos separados”.  Si Zújar hubiese puesto más palos en las ruedas de la separación, si hubiese hecho todo lo posible, habría sido muy difícil por no decir imposible. Puede ser que de algún modo no reconocido por una lado ni por otro, los vecinos de Zújar no quisieran ser un obstáculo tan grande a la separación de los pueblos. Al fin y al cabo casi todos éramos zujareños de origen y teníamos familia en el otro lado del río.

A partir de aquí reuniones una noche sí y otra también, recogidas de firmas, agarradas, viajes a diputación, y mil conspiraciones que en suma terminaron tres años y medio después en aquel 21N que nadie esperaba tan temprano. Pero todo, la conciencia, la necesidad, el aliento, los medios humanos, todo, empezó aquel 12 o 13 de mayo de 1977 sobre las 9 o 10 de la noche en el patio grande de las escuelas de abajo.

    

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