Quillotro
MI CUEVAS

 

Crónica tardía de San Isidro 2009

© Joaquín Hortal
19 de junio de 2009

Ha pasado un mes desde el final de las fiestas, y en expectativas, estamos más cerca del San Isidro de 2010 que del de este año. Pero las imágenes estaban pendientes y ha sido ahora cuando me he obligado a montarlas.

Hacía años que no iba la procesión del Santo, el día 15, y estoy seguro que muchos de los que estaban allí podían decir lo mismo. “Pues muy parecido” me contestó un tío mío cuando le pregunté las diferencias con el último San Isidro que recordaba. Llevaba 50 años sin acudir a las fiestas; los años que ha necesitado para jubilarse en Barcelona. De venir solo en verano, ni siquiera se acordaba de que en Cuevas no solo hace calor. 50 años, y las fiestas son muy parecidas... está claro que la pregunta era una gilipollez.

Es verdad que la música parecía más de procesión de semana santa que de unas fiestas alegres, pero también es verdad que emocionaba mirar desde la cola de la procesión Cañá San Isidro abajo y ver más vecinos que nunca.

Y para asistencia, la Romería. Lo nunca visto… ni oído: el día 15 por la mañana, al levantarme mi padre se iba:”¿dónde vas?”, “A la Colonia, a coger sitio”. Desde la mañana del día 15, la mayoría de los espacios alrededor de la ermita ya estaban cogidos. Toldos, sillas, mesas, hamacas… aquello no fue la romería, sino el salón de estar de media Cuevas del Campo. A las 11 de la mañana del día 16 ya era imposible acceder con coche al recinto de la ermita: ni por arriba ni por abajo. En próximos años debería solucionarse el problema del acceso: antes nos repartíamos pero ahora nos concentramos en el mismo sitio.

El espectáculo fue la espera de la vuelta del Santo de la Romería. Los colonieros nos hicieron esperar y mucho, y la espera, con el trasnoche, y tullidos la mayoría por las alergias no fue nada fácil. Pero la celebración de corte pagano en torno al santo, ídolo entonces de yeso, con caballos, bailes, sangría, cantos y alegría a raudales no tuvo precio.

El castillo fue el último día. Más pobretón aun que el año anterior y sin banda de música, pero en fin, estamos en crisis. Yo soy de los que nunca había entendido porque había banda de música acompañando a los fuegos artificiales, y me aburría escuchar más pasodobles que petardos a la par de ser muy rancio. Y mira tú que este año, sin música, el castillo quedó cortísimo (10 o 12 minutos) y la sensación fue de soso. Ha venido bien hacerlo así, porque los que como yo no entendían la necesidad de música, ahora sí lo entendemos.

Al final, más momentos inolvidables que añadir a esta memoria colectiva.

Pulsar sobre el disco rojo, esperar, y una vez que aparece el disco verde, volverlo a pulsar.

 

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