Quillotro
MI CUEVAS

 

Las espigadoras

© Joaquín Hortal
3 de diciembre de 2007
Y Rut la moabita dijo a su suegra: si me das tu licencia iré al campo, y recogeré las espigas que se escapen de las manos de los segadores…
La Biblia, Libro de Rut, Capítulo II, Versículo 2

     Amanece por la esquina izquierda del cerro. Primeros días de Agosto. En los años cincuenta no había cambio de hora (en España no se instauraría hasta 1974), y el horario actual de invierno se alargaba entonces a todo el año: son apenas las seis de la mañana y el cielo ya está inundado de luz. Juan el “Madruga”, guarda del campo de la Hermandad de Labradores, se asoma a un cantón y hace sonar su cuerna. Decenas de mujeres salen de sus viviendas provistas de bolsas de tela o sacos de esparto. Algún hombre las acompaña, pero la mayoría de ellos en estos días, buscan siega en los montes orientales y más allá. Hoy es Juan “el Madruga”, aunque otros días son “El Rubio” o Rafael “el Madruga”, guardas del campo también, quienes inician el paso y dirigen a una centena o más de espigadoras a los campos de cereal segados ya desde finales de mayo. Vestidas con pantalones y una falda ancha, con pañuelo blanco en la cabeza y sobre éste un sombrero de paja de amplia ala y calzadas con alpargatas de cáñamo. Armadas sólo de sus sacos, las espigadoras van recogiendo las espigas de cereal abandonadas por la prisa de los segadores.

Cuando segares las mieses de tu campo, no cortaras el fruto de la tierra hasta el suelo, ni respigaras lo que queda. Ni tampoco en tu viña rebuscarás los racimos y granos de uvas caídos, sino que dejaras a los pobres y forasteros que los recojan.
La Biblia, Levítico, capítulo XIX, versículos 9 y 10 
Espigadoras
"Las Espigadoras", pintura de Jean-François Millet de 1857. Está expuesto en el Museo D´Orsey de París.
Ver Museo Digital

     Esta es una práctica legal, recogida ya en la ley mosaica, en el levítico de la Biblia, en sus capítulos XIX y XXIII (como se muestra en la citas bíblicas de este texto). En la Cuevas del Campo de posguerra, espigar tiene sus reglas: las que dicta la Hermandad de Labradores. Los campos ya segados se pueden espigar siguiendo el orden marcado por los guardas del campo en las primera semanas de Agosto: ellos dicen donde y cuando se puede hacer. En un día se podían espigar unos cuatro kilogramos de cereal. Según los años, un pan de dos kilogramos de peso, se cambiaba por 2,5 kilogramos de trigo, que debía valer unas 3.5 pesetas. Así, todo un día de trabajo, torradas al sol de verano, para obtener un sueldo de cuatro kilos de pan: más o menos el pan del día en una familia de 6-7 miembros, y poco más. Nada que ver con lo que ahora llamaríamos un sobresueldo. En octubre se espigarán las pocas viñas, y pasado el invierno llegará la rebusca de la aceituna, pero espigar las mieses en Agosto es lo que está institucionalizado y reconocido por la legislación. 

Cuando segares las mieses en tu campo, y por descuido dejares una gavilla, no vuelvas atrás a cogerla: sino que la dejarás para que se  la lleve el forastero, el huérfano y la viuda; para que el señor tu dios te bendiga en todas las obras de tus manos. Cuando cojas  las aceitunas, no vuelvas a recoger las que quedaren en los árboles, sino que las has de dejar para el forastero, el huérfano y la viuda. Cuando vendimiares tu viña, no has de rebuscar los racimos que quedan sino que cederán en utilidad del forastero, del huérfano y de la viuda. Acuérdate que tú también fuiste esclavo en tierra de Egipto y por lo mismo te mando yo que hagas esto.
La Biblia, Deuteronomio, Capítulo XXIV, versículos19-22

     Los años sesenta trajeron las grandes migraciones y eso repercutió en jornaleros y hacendados: los jornaleros emigraron y los jornales se encarecieron hasta hacer de la posesión de tierras pura miseria. Los que se habían tenido por ricos por tener unos metros en el huertecillo, se niegan ahora a asimilar que son tan pobres como los que se van: la tierra no vale nada. El hambre de posguerra no redujo la población, pero la miseria que pervivió después del hambre, sí diezmó el pueblo en los sesenta hasta dejarlo agonizante. Las cosechadoras sustituyeron a los segadores y las espigadoras desaparecieron de los amaneceres de Agosto.

La única y no mejor parte del documental "Los espigadores, la espigadora"que he encontrado.
Ver ficha técnica.

     ¿Qué ha sido de los espigadores en nuestros días? A propósito de esta pregunta, la directora belga Agnès Varda, filmó en 2000 un intimista, emocionante y muy, muy recomendable documental titulado Los espigadores, la espigadora que da mejor respuesta que yo a esa pregunta. Los espigadores se valían de la orden divina de la caridad: lo que no hayas recogido en tus tierras déjalo para los pobres. Una caridad a medias porque el trabajo de recoger había que hacerlo, y el producto recogido, al ser fuera de temporada, estaba más ajado. ¿Si una sociedad pobre como la de entonces podía dejar sus excedentes desechados a los más desheredados, cuanto no más puede hacerlo una sociedad rica como la actual? Hoy día, en lugares como Cuevas del Campo, existen espigadores clásicos: la rebusca de la aceituna, por ejemplo. Pero una sociedad que consume constantemente lo nuevo y desecha los seminuevo, lo casinuevo, es el Jauja de los nuevos espigadores. Espigadores que se llevan una silla con el respaldo roto o el marco de un espejo abandonados en un desescombro. Espigadores que ven un sofá mejor que el suyo, un abrigo más caliente o una vajilla más completa abandonados en la acera. Espigadores que esperan a que cierre Mercadona o Hipercor y se llevan de un contenedor una bandeja de pechugas de pollo o plátanos o lechugas, envueltos aún en celofán, que sólo llevan unas horas caducados, para cenar en casa. Espigadores que escarban entre los contenedores de basura, buscan entre las cajas abandonadas en las plazas de los mercados, revuelven en los vertederos.  

Cuando segareis las mieses de vuestros campos, no las cortareis hasta el suelo, ni recogeréis las espigas que quedan, sino que las dejareis para los pobres y peregrinos.
La Biblia, Levítico, Capítulo XXIII, Versículo 22
Programa Callejeros de Cuatro. "¿Comida basura?"

 

La España de miseria de hace medio siglo llamaba espigadores a los que buscaban entre lo poco que dejaba la siega, la vendimia o la recogida de la aceituna. La España derrochadora de hoy llena sus vertederos con lo que hace cincuenta años se llenarían las mejores despensas y llama marginados y asociales a sus espigadores. Esa España derrochadora se avergüenza de los que escarban en sus cubos de basura, pero no lo hace de los que los que colman esos cubos con lo que ya no les sirve, con lo caducado, lo usado, lo ligeramente envejecido, con lo que ya no quieren o desean sustituir por algo más actualizado.

 

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