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El expolio del campo
El Altillo de © Don de Isis
Isidora, 6 de enero de 2011
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Esta noticia fue publicada por los rojos desde el exilio en México, 31 años antes que se diera a conocer en España. En ella se denunciaba  la penuria y el saqueo a la que fueron sometidos nuestros familiares durante la posguerra. Mientras tanto aquí los medios de incomunicación eran los portavoces oficiales de la propaganda del régimen, España va bien. En el texto siguiente se sobreentiende que al nombrar a Zújar, lleva implícito los anejos de Cuevas del Campo, Carramaiza y demás cortijos del río Grande.

Franco (Dictador y humorista): Las cosas no pueden estar tan mal desde el momento en que a todos los sitios a los que voy se me ofrecen banquetes y encuentro caras sonrientes. La culpa de todo en todo caso es de los rojos, por la criminal prolongación de la guerra por su parte y su especial destrucción durante la  contienda.

La miseria del campo (La Bandera, revista  mensual de orientación política, económica y cultura 31/05/1944 México D.F.):

“Es sabido que los campesinos, a pesar de ser los productores de los géneros alimenticios, se encuentran en tan malas condiciones como los habitantes de las ciudades. Los organismos de control de las diversas ramas de la producción agrícola, les señalan las cuotas de producción, que deban cumplir inexorablemente, a menos que sean elementos “influyentes” del régimen. Al lado de éstas cuotas, que deben entregar a la oficina correspondiente, sin tener en cuenta los percances que se originen en el proceso de la siembra a la recolección, se les permite retener algunas cantidades muy limitadas para su alimentación….”

La trama  consistía en que tras  la recolección, el agricultor entregaba en el almacén del Servicio Nacional del Trigo (SNT) el cupo asignado, la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (CAT) gestionaba su distribución. En Cuevas del Campo el almacén estaba en la calle Puerta Real frente a la Almazara de Gonzalillo. Las Delegaciones de Abastos facilitarían alimentos (las migajas del negocio) a toda la población en cantidades fijas diarias (raciones irrisorias) que se controlarían mediante las cartillas de racionamiento, desde mayo de 1939 hasta que se suprimieron el 22 de marzo de 1952. Pronto se comprobó que el sistema era un fracaso. Tal fue la presión a la que fue sometido el pueblo  que se dieron casos de rebelión como en el pueblo de Zújar (Granada)

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 “…..Durante el año 1943, especialmente en el curso del segundo semestre, el Gobierno franquista ha tomado excepcionales medidas, con el fin de extraer de los campesinos, mayores cantidades de cupos de trigo y ganado, pagado al pecio de tasa, que el que les habían arrebatado anteriormente, En el pueblo de Zújar (Granada)  la exigencia del Ministerio de Agricultura en trigo y reses, alcanzaba casi la totalidad de la producción de dicho cereal y a la existencia de animales en dicho lugar, lo que provocó en los labradores una reacción de indignación comprensible.
Los labradores, visitándose casa por casa, cambiaron impresiones sobre la situación, y se negaron a entregar absolutamente nada de lo reclamado desde Madrid. La atmósfera fue tan cargada que el Ayuntamiento, a quién  el Gobierno de Franco había dirigido la orden, se reunió en sesión especial. La decisión del mismo fue la siguiente: acordar no enviar a Madrid el cupo de trigo y de reses solicitado, pues ello significaría crear un malestar tal en la población, cuya consecuencia no era difícil de prever.

En Vigudino (Salamanca), adoptaron la misma valiente decisión que en Zújar, y, ¿qué paso?: “…A los 5 paisanos designados para ir a hablar con el gobernador con el fin de resolver el asunto de acuerdo con los deseos de los labradores, se les impuso una multa de 2.000 pesetas a cada uno por protestar y oponerse a las órdenes del Gobierno bajo pena de cárcel para todo aquel que no cumpla con el requerimiento... Esas 10.000 pesetas, equivaldrían a unos  31.000 €  de ahora."

¿A dónde iba a parar en realidad la descomunal cantidad de cereales y ganado robado al pueblo? A  Alemania, para realizar el pago de la gran deuda contraída por los golpistas durante la Guerra Civil.  En concepto de reembolso por los servicios prestados por los nazis. Mientras tanto en España nuestras familias se morían de hambre. Los altos cargos de la jerarquía franquista  que dirigió este expolio amasaron grandes fortunas. Este robo de productos dio origen a situaciones tan lamentables como los descritos por este diario en nuestro pueblo:

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(La Bandera 1944) “….Así en Zújar (ayuntamiento de Baza), como en otros muchos lugares agrícolas de España la miseria es espantosa: la mayoría de los habitantes se alimentan como los animales, de hierbas de todas clases, y robando algunas aceitunas o lo que pueden del amo. Los chiquillos se mueren materialmente de hambre, al no tener más alimentación que las hierbas.

Y cuando hay posibilidades de abastecimiento y otros productos ajenos a los propios, los campesinos debe pagar precios como éstos: el maíz, a sesenta duros la fanega, las habas, también a sesenta duros y el trigo a cien. Café, azúcar, jabón, rara vez los encuentran y eso a precios fabulosos". Un jornal en esa época era de 15 pesetas al día…

…Es un negocio redondo el franquismo, elimina el mercado libre de productos. Controla la producción, "requisa de los productos del campo por el Estado, permite, junto con lo que se importa del exterior, realizar la gran ayuda que el franquismo presta a Hitler, pero al suprimiese el mercado libre y llevar a cabo el abastecimiento de la población permite un mercado negro y el gran negocio de los ladrones traficantes falangistas. Esta plaga que ha traído el franquismo. La falta de medios de alimentación las horrorosas condiciones de miseria, lanzan a grandes núcleos de la población a la mendicidad, a la prostitución. La desnutrición constituye otra gran plaga, producto de ésta miseria, la tuberculosis alcanza proporciones inauditas, así como enfermedades producidas por la desnutrición. La industria de la colilla, bandas de chicos se dedican a recoger éstas por las calles y cafés para venderlas luego como tabaco regular, con el consiguiente peligro de contagio de enfermedades. Desabastecimiento por la entrega de materias a Hitler….,”

Los datos son espantosos, en 1.940 alrededor de 100.000 niños mueren antes de cumplir un año de vida. En 1.942 hay provincias especialmente deprimidas donde la  mortalidad infantil alcanzó el 35 por ciento de la población. Por tuberculosis pulmonar y meníngea morían unas 35.000  personas  al año entre 1.940 y 1.948. Eso sin contar las 150.000 personas que anualmente padecían enfermedades graves.

Mientras los ganadores se aseguraron un puesto decente de trabajo y  pasaron esta época sin carencias y bien nutridos, todos aquellos pobres desgraciados que habían perdido la guerra fueron víctimas de estados de desnutrición, abandono y repulsa social. No sobrevivieron ni siquiera a esta etapa de la historia, fueron llenando los portales, hospitales, orfanatos, prostíbulos, campos de concentración, y acto seguido la tapia o cuneta de alguna carretera, un horror amordazado durante años.

Esta política errónea de autarquía a parte de miseria también trajo la picaresca y el estraperlo (la venta de cualquier artículo a precios superiores a los de tasa). El aceite llegaba a pagarse a más de 100 ptas. el litro, el azúcar, a 25 ptas. el kilo, el maíz, a 60 duros la fanega, las habas, también a 60 duros y el trigo a 100. Los precios eran desproporcionados en relación con lo que se ganaba. Había que poner una pareja de la Guardia Civil en cada bancal, pues lo que se criaba allí era autentico oro para el Régimen Franquista.

Con los salarios que se pagaban era imposible comprar comida. Por ejemplo los jornales en las tareas de escarda y recogida de aceituna, durante el año 1.942, tan sólo alcanzaron entre 7,80 y 15 pesetas para el jornal diario del hombre, siendo el de las mujeres y menores de 18 años de 5,45 pesetas, en el mejor de los casos se pagaba en especie: aceite, harina, pan, etc. La jornada laboral la marcaba el sol.

Con los cereales, en especial el trigo, los agricultores tenían que tener mucho cuidado. Los agentes de abastos requisaban dicho cereal. Los hombres del campo lo llevaban a moler por la noche. La razón es bien sencilla, a esas horas los inspectores de abastos no trabajaban. Aunque en alguna ocasión hacían acto de presencia, ellos o la Benemérita. El molinero se quedaba con unos kilos de harina por el servicio prestado. Que posteriormente vendía, a ser posible en el mercado negro. Mis abuelos enterraban los sacos en las cuadras de la cueva. Había atrojes encastrados y adoquinados  para que fuera imposible su localización. Las mujeres amasaban por la noche y escondían el pan.

Me cuentan que a las  bestias cuando les decían: “que vienen los civiles”, los animalicos salían corriendo y llegaban solos a las Cuevas. Y si las bestias cambiaban de camino es porque en ese camino había un control de la Guardia Civil.

Si se encontraba por el camino con la Benemérita, se repartía con ellos la carga y así todos vivían. Si el trato no salía bien, les requisaban toda la carga, más la correspondiente multa económica y todos bien calientes a la cama.

La gastronomía, en esa época en vez de cocinar  consistía en hacer magia para intentar engañar al hambre. Ya me gustaría  ver a un Ferrán Adriá haciendo cuentas  para confeccionar un plato con los productos de los que disponían nuestras abuelas. En aquellos tiempos había que partir de un primer plato. No había primer plato, segundo plato y postre, como hoy en día. Había plato único y, muchas veces, plato único diario. Estos potajes tenían además grandes ventajas como que se podían comer de un día para otro e incluso en un tercer día las sobras podrían servir para realizar otras comidas.

Con una olla, aceite y agua se podían confeccionar todo tipo de guisados: de conejo, de pollo, de huesos rancios, de tocino, de recortes, caldos borriqueros, hinojos, collejas, nabos, boniatos, etc. En la olla se combinaba y tenía acogida  cualquier tipo de producto, todo ello ligado con agua, lo importante era que estuviera caliente para espantar el hambre.

Todos comían de la misma olla, no había ascos, cogías tu cuchara y como te descuidaras dando palique te quedabas sin nada. Cualquiera se paraba a soplar el caldo, se te quedaba la lengua escaldada, muerta. La cabra o la vaca eran autenticas centrales lecheras, una cabra podría llegar a dar entre 6 y 10 litros de leche diarios, todo dependiendo del agua que se le añadiera.

En aquella época todos usaban la talla tan de moda actualmente la 36, o quizás menos. Franco, a parte de dictador era dietista y nutricionista de prestigio internacional. Lo del régimen político, también lo aplicó  a la alimentación y, así fue como estuvimos 40 años a régimen, la envidia de algunos jóvenes de derechas de ahora. El ajuar del armario era estándar para todos. Los más afortunados alguna vez tenían un par de zapatos, un par sólo, para los domingos. Vestían tanto en invierno como en verano pantalón corto y esparteñas. La ropa no se tiraba, se iba haciendo todo tipo de remiendos, lo que tiraban unos era reciclado por otros. En invierno nevaba mucho, hacía frío...también tenían frío. Hambre y frío... ¿Hay quién dé más?


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