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CULTURA

 

El ingenioso recaudador del Altiplano

© Joaquín Hortal
1 de julio de 2010

En el verano de 1594 un “juez ejecutor por Su Majestad en virtud de una real provisión librada de los señores de Contaduría Mayor de Hacienda” (4), o lo que es lo mismo, un recaudador de Hacienda, se hizo presente en la comarca de Baza. No era el primer recaudador que debió pasar por estas tierras y seguro que no fue tampoco el último, pero éste era muy especial.

Era un hombre de 46 años “…buena cosa es Granada para refrescar y equilibrar un alma cuarentona; óptima cosa las sierras de Granada y Almería para engravecerle y espesarle” (3). En los 7 años previos había desempeñado distintos cargos administrativos de enlace entre la Corte española y Andalucía. Había sido soldado y tenía en mucho orgullo haber luchado contra los turcos con 24 años en la gran batalla de Lepanto (1571) de la que salió tullido en la mano izquierda. Había estado preso en Argel por los turcos durante 5 años. Pero además de hombre de armas y números, era también hombre de letras y tenía algunos escritos publicados aún sin mucha difusión.

En ese año de 1594 al recaudador le escaseaba el dinero y de Sevilla viajó a Madrid en busca de trabajo en la Hacienda Real. Sus amistades de la corte le consiguieron la designación de cobrador de los impuestos atrasados del Reino de Granada: unos 10.557.029 maravedís en los partidos de Granada, Ronda, Loja, Alhama de Granada, Guadix, Baza, Almuñécar, Motril, Salobreña y Vélez-Málaga (2).

El 13 de agosto de 1594, en Madrid, en nombre del rey, Felipe II, se nombra al recaudador: “ …vecino de la villa de Esquivas, residente en esta corte, digo: que para la seguridad e paga de una cobranza que por los señores contadores mayores del consejo de contaduría mayor de Su Majestad en que estoy nombrado, de cantidad de dos millones cuatrocientos cincuenta y nuevo mil novecientos ochenta y nueve maravedís, que a su real hacienda se deben en el reino de Granada de lo procedido de las tercias y alcabalas reales, y otras cosas a Su Majestad pertenecientes, tengo ofrescido, etc.” (1). La carta de nombramiento indicaba que “se le mandaba ir luego con vara alta de justicia a exigir las cantidades que adeudaban varios pueblos del reino de Granada, expresadas en partidas distintas hasta el total de dos millones quinientos cincuenta y siete mil veinte y nueve maravedís (1). Como vemos, las cantidades que el Reino de Granada adeudaba a la corona y que el recaudador debía colectar varían según la fuente. El partido de Baza incluía entonces los municipios de Baza, Benamaurel, Zújar, Cúllar, Caniles y Freila así como Macael y Laroya.

El 7 de septiembre llegó a Guadix y allí no tuvo problemas para la recaudación de los impuestos debidos (2). Dos días después, el 9 de septiembre, se desplaza a Baza (4). Su labor era la recaudación de impuestos atrasados: tercias y alcabalas (algo similar al actual IVA) (1). En concreto esperaba cobrar dos partidas de alcabalas: 3.342.320 maravedís de Baza y su jurisdicción (Cúllar, Zújar, Caniles y Benamaurel) y otra de 50.812 maravedís del resto de pueblos (Freila, Laroya y Macael).

Pero el recaudador en Baza se enfrentó a los problemas propios de su siglo: por un lado la caótica burocracia del imperio y por otro la picaresca de los españoles, poco amigos de pagar impuestos. Se presentó ante Antonio de Rueda, alcalde mayor de Baza, y mandó llamar a Alonso de España, concesionario del cobro de rentas reales en Baza y su partido (tesorero o alcalabalero). Descubrió entonces que Alonso no había entregado las fianzas prometidas y no había, por tanto, garantía de cobro (3). Los abundantes caciques, nobles y hacendistas varios de la zona hicieron valer sus influencias en la corte para evadir sus impuestos. Así, llevaron a disminuir la recaudación prevista de los 3.342.320 maravedís, a 83.713 ½ maravedís y además esta cifra se dividió en tres quedando en 27.940 maravedís (820 reales), que para colmo no podían cobrarse por la ausencia de fianza (3).

El recaudador, probablemente desolado, estaba presionado para cobrar por la Real Hacienda, y pidió al alcalde, Antonio de Rueda, que buscara una persona que pagara esos 820 reales. Los señalados fueron “…un tal Simón Sánchez, mayordomo de la ciudad, en cuyo poder debían de estar las rentas del encabezamiento y otro tal Juan de Cuenca, arrendador de las de Zújar. Fueron a buscarles a sus casas y hasta el día siguiente no parecieron; pagaron, por fin, a regañadientes y Miguel (el recaudador) les cobró un día de salario por haber tenido que esperarles (3).

El 10 de septiembre, Juan de Cuenca, arrendador de Zújar, y Simón Sánchez, mayordomo de Baza, ingresan al recaudador 27.904 maravedís así como el sueldo de un día, 550 maravedís (4), poco más de 16 reales vellón (1), día perdido por el recaudador en espera del pago.

Y como Alonso de España, el alcalabalero de Baza y su partido, tendría que haberlo pagado todo y al final no había pagado nada, se le hizo responsable de pagar al menos los cinco días de sueldo que el recaudador invirtió en el partido de Baza y “…que si no le pagaba aquella cantidad, cuyo importe eran en total ochenta y seis reales escasos, él se la cobraría de su salario de tesorero, porque aquel buen Alonso de España tenía sueldo, sin obligaciones ni responsabilidades, verdadero y único ideal de los hijos del caciquismo (3)”.

Si el recaudador invirtió solo un día en el cobro de alcabalas en Guadix, necesitó 2 días en Baza para cobrar menos del 0,8% de los dineros que venía a buscar: todo un despropósito. Su trabajo en el altiplano le rindió el sueldo de 6 días a 550 maravedís cada uno de ellos: dos días en ir y venir de Madrid, dos días en ir y venir de Guadix, un día de estancia en Baza (hasta aquí pagado por Alonso de España) y un día extra en espera de recibir el pago y que corrió a cargo de Juan de Cuenca, el arrendatario de Zújar. Un total 3.300 maravedís (poco menos de lo que había logrado recaudar) (4).

¿Pasó este recaudador pueblo a pueblo, incluido Zújar, para el cobro a cada uno de los alcalabaleros, o éstos le llevaron los dineros hasta Baza? Lo desconocemos, si bien en su contrato se comprometía a realizar una media de ocho leguas a caballo por jornada. Teniendo en cuenta los pocos kilómetros que separan Zújar de Baza, es posible que se desplazara hasta allí para los cobros (2).

El camino del recaudador le llevaría el 17 de noviembre de ese mismo año de 1594 a Málaga, desde donde escribe al rey Felipe II para informar, entre otras cosas que “de lo recaudado en Baza, Guadix, Agüela de Granada y Loja remitiría pólizas seguras a Madrid” (1). Partió entonces para Sevilla, y antes de hacerlo, ingresó las fuertes sumas recaudadas en el Reino de Granada en el banco de Simón Freire. Al poco tiempo el banco quebró, y el banquero Freire huyó con los dineros del Rey (2).

La investigación sobre este hecho descubrió un descuadre en la Real Hacienda. El Rey mandó llamar al recaudador a Madrid para que explicara lo sucedido, pero un juez sevillano interpretó en esta orden que el ladrón había sido el recaudador y lo mandó encarcelar en 1597. La investigación se extendió hasta 1603, fecha en que el recaudador fue excarcelado. Acudió entonces a la corte donde logró aclararlo todo (2).

El tiempo que pasó en la cárcel por los problemas derivados de su trabajo en el Reino de Granada, le sirvió al recaudador, Don Miguel de Cervantes Saavedra, para desarrollar la obra más admirada de la historia de España. No sabemos si allí la empezó a escribir, pero en palabras del propio recaudador en el prólogo de su libro: “se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación(2).

En 1605, once años después de sus andanzas por el Altiplano, el recaudador, Don Miguel, publicó el libro que había pergeñado en la prisión de Sevilla: El ingenioso Hidalgo Don Quijote de  la Mancha. Si las tierras de la comarca de Baza influyeron o no en los paisajes de su obra nunca lo sabremos, pero un cronista a propósito de esto, dijo: “Miguel, contemplando el Veleta y el Mulhacén, y después la sierra de Cuatro Puntas y la de Gor, a la derecha, y el Javaleón (Jabalcón), a la izquierda, se acordaba de los molinos de viento que en los gollizos y lomas de la Mancha parecían gigantes, y pensaba cuáles y quiénes serían los colosos verdaderos, quiénes los seres formidables que habitaban el mundo y le guiaban por tan inciertos caminos… No eran gigantes ni colosos los que tenía que acometer en Baza, pero no menos valor que para ello había menester. Si habéis tratado con arrendatarios y rematadores de consumos, podréis tener un vago y remoto concepto de la clase de gentes a quienes Miguel iba a exigir que pagaran sus atrasos; si habéis revuelto cuentas en alguna delegación o administración de contribuciones, podéis figuraros algo de lo que en este asunto ocurría” (3).

Testimonio de Cristóbal Mínguez:

"En la ciudad de Baza, a 9 día del mes de septiembre de 1594 años, Miguel de Cervantes Saavedra, juez ejecutor por su Magestad en virtud de una Real Provisión librada de los señores de la Contaduría Mayor de Hacienda, su data en Madrid, a 13 días del mes de agosto de 1594 años, la qual esibió e mostró originalmente, de que o el escribano doy fe, e dijo que en virtud de la dicha Real provisión ha venido a esta ciudad a tomar quenta del valor que han tenido este presente año de 94 las rentas de tercias y alcabalas desta ciudad e de las villas e lugares de su juridicción e partido..., e la dicha quenta la hizo con intervención e comunicación del licenciado Antonio de Rueda, alcalde mayor y teniente de corregidor de esta ciudad y su tierra, estando presente Alonso de España, tesorero propietario de la cobranza de las rentas desta ciudad e su tierra e partido, e Gaspar Osorio de Tejada, tesorero nombrado para este presente año..., la qual dicha quenta hizo en forma siguiente: consta de dos partes, o de cargo y data, consistiendo el cargo en una partida de 3.342.320 maravedís por el encabezamiento de las tercias y alcabalas de Baza y de los quatro pueblos de su juridicción Cullar, Zújar, Caniles y Benamaurel correspondientes al mismo año 94; y en otra de 50.812 maravedís por los encabezamientos de Freyla, Roya (Laroya) y Macael (...).
Y adviértese que las alcabalas de Fines y Somontín, aunque se ha hecho diligencia para arrendarse, no ha habido ponedor, porque son lugares que en la nueva población se poblaron e partieron por sierra e marina, e pretenden que sean francos de alcabalas, que está mandado que traigan declaración de su Magestad, y ansi lo declaró Pedro de Medina, escribano de rentas (... ).
... ante Cristóbal Mínguez de Salcedo, escribano del Rey e público del número de la dicha ciudad de Baza y su tierra..., y van estos autos en cinco fojas con esta en que va mi signo. En testimonio de verdad, Cristóbal Minguez, escribano (2).

 

 

Bibliografía

  1. Cervantes Saavedra M, Fernández de Navarrete M, Zayas y Sotomayor M. Obras de Miguel de Cervantes Saavedra: Don Quijote. Madrid: 1850. Pag 41.
  2. Grima J. ¿Estuvo Cervantes en Macael y Laroya y otros pueblos del Almanzora en el año 1594?. La Voz de Almería. (disponible en http://www.somontin.info/node/46)
  3. Navarro y Ledesma F. El ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra. 1944.
  4. Sliwa K. Vida de Miguel de Cervantes. 2006. Pag 505
  5. Miguel de Cervantes Saavedra. [última consulta 1 julio de 2010] disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Cervantes


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