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CULTURA

 

Acerca del lobo en nuestra comarca

Vimos frente a nosotros, recortándose en el   horizonte, un magnífico ejemplar de lobo viejo (que según la referencia de un cabrero de aquellos contornos vapuleaba a diario a sus mastines), cuyo plateado y ceniciento pelaje brillaba al sol naciente, componiendo una estampa cinegética bellísima e inolvidable.
   Nicolás Hidalgo Gómez. Lobos en la sierra. Caza y Pesca. Septiembre de 1967.
© José Ramón Vílchez
25 de febrero de 2008

 

 

 

            Resulta curioso descubrir cuántas cosas podemos aprender hablando con nuestros mayores, gracias a su experiencia vital. Era común en los años 40 y 50 del S. XX que muchos de nuestros abuelos, que ahora están en torno a los 80 años, realizaran largas temporadas de siega en las vertientes centrales de Sierra Morena, en pueblos del norte de la provincia de Córdoba. De aquellos lugares en aquella época narran que era muy frecuente encontrarse con lobos que en más de una ocasión deambulaban bastante cerca de los cortijos y cabañas de siega. Historias de advertencias del capataz, de mastines y carlancas protectoras, de aullidos nocturnos y fugaces encuentros con el depredador en mitad de caminos desiertos….

            No les faltaba razón a nuestros  mayores, pues efectivamente Sierra Morena se convirtió a principios de los años 40 en el último reducto del lobo Ibérico en Andalucía, con lo cual no cabe duda de que sus narraciones no yerran la especie de cánido avistada. Este arcaico y legendario macizo montañoso constituye el único heredero de la presencia del lobo, cánido salvaje que a lo largo de la historia ha poblado todo el territorio andaluz, como bien documentan los escritos. Por supuesto, la comarca de Baza y otras vecinas como la de Sierra de Cazorla también fueron escenario de la vida del lobo hasta bien entrado el siglo XX. El intelectual ilustrado de finales del siglo XVIII, Antonio José Navarro, viajó por la comarca de Baza y otros parajes vecinos dejando constancia en sus escritos de la abundancia faunística en la Sierra de Baza y en el norte de la actual provincia de Almería. Literalmente describía:

            “Antes de ahora, avia en la sierra corzos y cabras monteses; hoy está mui desmontada y hollada pero no faltan lobos, zorras, conejos, liebres, gatos zerbales, gatos monteses, turones, texones, garduñas, hardillas, y en el río se encuentra la gineta o geneta”.
                                         Navarro, 1789. Archivo Municipal de Lorca

            Navarro volvería a ocuparse nuevamente de la fauna de nuestra comarca en un artículo publicado en 1798 y titulado La ciudad y territorio de Baza:

            “Los quadrúpedos Vivíparos que aman, sirven y mantienen al hombre, se hallan, crían y prosperan en la Hoya y Montes vecinos; todavía se hallan de los Silvestres algunos venados, Corzos y Machos Monteses; entre los carnívoros, omitiendo los lovos y zorras, por desgracia, mui comunes, se cuenta el”lovo cerval”, “Gato cerval”, “el linze”, que en estos pueblos llaman “Gato de clavo”.

            Que sorpresa la mía al descubrir en este párrafo que en nuestra comarca y , por extensión, en nuestro pueblo habitaban no solo lobos sino también linces Ibéricos, ambos máximos exponentes de la pirámide alimenticia de nuestro ecosistema durante tantos siglos. Los términos “lobo cerval” y “gato cerval”  constituyen otras formas populares de llamar al lince. Pero este párrafo no solo encierra este agradable dato, también refleja el sentimiento de repulsa universal que históricamente la sociedad ha manifestado hacia el lobo y depredadores afines: “omitiendo lovos y zorras, por desgracia, mui comunes”.... Animales tradicionalmente conocidos como alimañas. Curiosamente parece que no despertaba tanto rechazo y miedo el lince que aunque muy bello también resulta una mortífera arma biológica con sus garras y afilados colmillos.

            Efectivamente el lobo ha supuesto una amenaza real para el ganado doméstico que pastaba en valles y montañas libremente, pero la reacción humana ante esta amenaza no cabe duda de que fue desproporcionada, probablemente alimentada por miedos ancestrales y tabúes populares. Reacción que llevó poco a poco a la  casi extinción de la especie en Andalucía.

            El asunto del lobo y el ganado doméstico fue tomado muy en serio por las autoridades a partir del siglo XVI. Tanto es así que en 1523 las autoridades bastetanas efectuaron una petición a Carlos V para que autorizase el reparto de la Sierra de Baza, incidiendo en su escrito sobre la abundancia de lobos en la comarca, otorgándoles tratamiento de auténtica plaga del campo. Así pues, las Ordenanzas bastetanas ofrecían sustanciosas recompensas para todo aquel que persiguiese y cazase el mayor número de lobos. Surge de esta manera la figura del lobero, o persona dedicada a la caza del lobo por las recompensas. Según Tristán García el número de lobos muertos en la jurisdicción de Baza era realmente abrumador, en relación con la superficie de terreno que suponía: de 1494 a 1568 se presentaron ante las autoridades bastetanas 303 lobos adultos y 277 camas. Desde 1583 a 1616 fueron 786 ejemplares adultos y 892 lobeznos. Finalmente, de 1617 a 1645 se mataron al menos 275 lobos y 240 lobeznos. El exterminio que estas cifras refleja no se detuvo ahí y continuó durante los siglos XVIII y XIX hasta llegar al siglo XX, cuando el área de distribución del lobo en Andalucía  se redujo a ciertos recónditos parajes de Sierra Morena. Actualmente solo hay lobos en núcleos aislados de dicho macizo: entre las provincias de Jaén y Córdoba, por un lado, y Córdoba y Sevilla, por otro. Mientras, Sierra de Baza y las vertientes almerienses de Sierra Nevada fueron el último reducto del lobo en Andalucía Oriental, desapareciendo incluso después que en Sierra de Cazorla. Los últimos ejemplares fueron avistados bien entrada la década de 1930, mientras que en Cazorla desaparecieron hacia una década antes aproximadamente.

            Así pues, cuando aquellos segadores de los años 40 se encontraban con el lobo en Sierra Morena éste era el único lugar de Andalucía donde se podía ver, pero a principios de siglo, en época de sus padres, seguro que más de uno avistó algún hermoso ejemplar despistado que bajara de Sierra de Baza al Valle del Guadiana Menor o de Sierra de Cazorla al Chaparral. Esperemos que no llevara una escopeta consigo en ese momento....

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