Quillotro
CULTURA

 

Lo que fue y lo que puedo haber sido

© José R. Vílchez Gutiérrez y Joaquín Hortal
Enero de 2007

Cuevas del Campo está enclavada en la cuenca de Guadix-Baza. Ésta constituye una región natural mucho más amplia que la extensión que comprenden sus actuales comarcas. Queda cobijada entre la Sierra de Cazorla en sentido amplio por el Norte, por los Montes Orientales, Sierra Arana, y Sierras de Huétor y la Alfaguara por el Oeste; por Sierra Nevada y Sierra de Baza por el Sur, y por las Sierras de Orce y María por el Este. Esto define una zona hermética y árida.

Podemos hablar de tres etapas geológicas destacables en la cuenca Guadix-Baza. La primera, hace 20 millones de años, con el desarrollo de un gran lago o quizá varios sucesivos. En este periodo surgen en África oriental las primeras especies primates antropomorfas. El primer homínido no surgirá hasta hace unos 5 millones de años (Ardipithecus ramidus).

La segunda desde hace 7 millones de años (Figura 1), en la que el gran lago se ve independizado del mar y comienza a rellenarse de los sedimentos de las cuencas que desembocan en él. En esta etapa llegaron los primeros habitantes europeos hace aproximadamente 1 millón de años en los albores de una nueva glaciación: Estas importantes acumulaciones de agua con su abundancia vegetal (encinares y pinares), constituyeron un foco de atracción para diversa fauna (ciervos, caballos, bisontes, bóvidos, elefantes, osos, cabras, conejos, roedores, felinos, lobos, hipopótamos, tortugas gigantes, etc). La abundancia en recursos animales y vegetales así como minerales por la proximidad de las sierras, no hacen difícil que los homínidos se viesen impelidos a la colonización de los alrededores del lago. Hablamos del supuesto hombre de Orce, un homínido (posiblemente próximo al Homo erectus) del que solo nos han llegado los restos de sus toscos instrumentos de piedra. Suponemos que era un humano de metro y medio aproximadamente, de complexión fuerte, que vivía en pequeños grupos nómadas a la intemperie, dedicados a la caza (uso de cuchillos, flechas y arpones de piedra), y la recolección de vegetales. Carroñeros, comen lo que dejan los grandes depredadores (dientes de sable) y emigran tras ellos. El fuego ya esta integrado como tecnología (éste es uno de los primeros testimonios de dominio del fuego en Europa). Usaban palos para defenderse y apoyarse. Socialmente prodigaban cuidados a su prole hasta edad avanzada aunque carecían de sentido ritual para la muerte: los cuerpos eran abandonados a merced de los depredadores y carroñeros. Tres yacimientos, Cúllar, Barranco León y Fuentenueva 3, nos hablan de estos primeros emigrados a nuestra comarca.

La tercera etapa geológica: el drenaje posterior de la cuenca hacia el Guadalquivir por el Guadiana menor. Comienza hace unos 100.000 años, y culmina hace 10.000 con la formación de áridos altiplanos y escarpados barrancos así como de valles (“hoyas” como consecuencia del encajonamiento montañoso de los llanos) que hoy contemplamos y que facilitaron el desarrollo de la agricultura en la zona. Orientada nordeste-sudoeste, la cuenca Guadix-Baza se verá excavada por las múltiples ramblas y arroyos que terminarán de esculpir ese paisaje típico de cárcavas.

DE CÓMO FUE O PUDO HABER SIDO

Situémonos hace unos ocho mil años: la última glaciación, que ha tenido cubierta de hielo durante 60.000 años la Europa al norte de los pirineos, ha llegado a su fin. Las aguas del gran lago que inundaba las hoyas de Baza y Guadix, han sido drenadas por el cauce del Guadiana menor y han quedado al descubierto las ricas tierras sumergidas. El clima es caluroso y húmedo. El Guadiana Menor arrastra un cauce amplio, rodeado de abundante vegetación donde predomina el haya, aunque comienzan a abundar la encina y el abeto blanco.

En los márgenes del río, al pié de los “Filanes”, podremos encontrar un asentamiento humano estable. Estos son los primeros pobladores de Cuevas del Campo. Como hemos dicho, es posible que mucho antes, otros homínidos habitasen los contornos del lago, pero la diferencia es que éstos no están de paso. Han venido para quedarse y ésta es su casa gracias a una gran revolución tecnológica: la agricultura y la ganadería. Son pocos, pero están en comunicación con otros grupos. Viven en cuevas amplias, posiblemente naturales y comunales.

Son humanos de nuestra misma especie, de los que es difícil saber sus características físicas, aunque parece claro que predominan los individuos dolicocéfalos (con la cabeza ovalada). Llaman la atención los brazaletes ornamentados que lucen fabricados en mármol, pizarra y concha. Portan anillos de hueso y concha y collares de los mismos materiales. Respecto a la indumentaria es vegetal o de cuero y pieles: la industria textil se conocerá posteriormente.

Hay fuego en la entrada de la cueva, pero no está encendido todo el día: su control es una de sus tecnologías. Pero son dos los grandes descubrimientos que les permiten permanecer sedentarios: el cultivo de las plantas (inicialmente trigo, centeno y cebada) y la domesticación de animales: los niños juegan con perros (descendientes de los chacales recientemente domesticados), y del interior de la cueva salen temprano cerdos y cabras (domesticación de jabalíes y cabras salvajes) que les dan carne y pieles para vestido. Con el paso del tiempo aprenderán a extraer otras ventajas de la ganadería: fuerza de trabajo, lana, leche… Pero la base de la economía es la misma que en los milenios anteriores: caza y recolección; en la cueva hay un silo habilitado para los piñones, las bellotas y las aceitunas recolectados.

Se acerca la cosecha. No conocen el metal (neolítico): usaran hoces de madera con sílex y azadas y hachas de piedra. Molinos de piedra de mano servirán para moler el grano. Próximas a los silos se empiezan a acumular grandes piezas de cerámica para contener el grano que van a obtener. Al lado están los cestos de recolección donde habitualmente ese grano se pudre. A unos metros de la entrada de la cueva hay un orificio en el suelo cubierto de piedras con una temperatura en su interior de hasta 450 ºC: un horno. Una mujer retira las piedras y extrae recipientes cilíndricos y redondeados de una cerámica tosca pero muy decorada con líneas paralelas rellenas de zigzags que fueron realizadas con un punzón de hueso. Piensa en los colores que va a utilizar para terminar la decoración.

Hoy ha habido caza. La pieza está siendo desollada delante del fuego. Utilizan cuchillos de sílex, pero la variedad de herramientas de piedra trabajada y bien pulimentada es extensa.

Alejadas de la cueva hallamos fosas de enterramiento de más de 3 metros de profundidad. Algunas tienen una tosca losa en su superficie, otras solo se distinguen como un túmulo de tierra. El rito es individual, y el cadáver es encogido y dispuesto en decúbito lateral. En el ajuar funerario predominan los adornos personales. También se detecta ocre y restos de fuego.

Por la noche, con los últimos vestigios de fuego, uno de ellos se afana en un rincón resguardado de la cueva con las manos manchadas de tintes naturales: dibuja su realidad diaria. Amanece, los primeros rayos iluminan el valle, en la puerta de la cueva, mirando hacia el norte, un niño se pregunta qué dios son esos dos montículos hermanos… nosotros los llamaremos hermanicas.

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