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CUEVAS AL DÍA

 

Más de 60.500 granadinos viven en zonas con alto riesgo de corrimientos de tierras

28 de febrero de 2010
Artículo original en granadahoy.com

Un estudio geológico localiza las comarcas más susceptibles de sufrir este fenómeno natural, como son Alpujarra, Sagra o la comarca de Guadix · Las lluvias están provocando que aumente la probabilidad de que surjan nuevos incidentes.

Un tren que descarrila en Loja por un desprendimiento de piedras, una calle que se hunde en un barrio de Belerda o cuevas que se desmoronan. Todo ello, en la pasada semana y como consecuencia del intenso temporal. 

Sin embargo, los movimientos de tierra registrados este invierno en muchos puntos de la provincia quizá llegaron por sorpresa para los vecinos de los pueblos afectados, pero los incidentes no eran imprevisibles ni estaban imprevistos. De hecho, desde 2007, las administraciones públicas cuentan con el Atlas de riesgos naturales de la provincia de Granada, una herramienta científica que focaliza las zonas susceptibles de sufrir terremotos, inundaciones, aludes o movimientos de ladera, y concreta el nivel de riesgo de que ocurra algún desastre. 

Así, el estudio establece para la parte norte de Benalúa de las Villas un grado alto de susceptibilidad de corrimientos de tierra (es decir, la probabilidad de que ocurra este fenómeno en una zona determinada) y fue justamente en este punto de la población donde se produjeron este mes los flujos de barro y tierra que anegaron varias viviendas. 

Pero el caso de Benalúa de las Villas es un mero ejemplo, ya que el atlas -que desglosa el porcentaje de cada población según el nivel de susceptibilidad- cuantifica en 60.578 habitantes el número de granadinos que viven en zonas con un nivel alto de riesgo de sufrir un movimiento de ladera, lo que supone un 6,6% de la población de la provincia. 

La Alpujarra y Contraviesa, la Sierra de La Sagra, la comarca de Guadix y los alrededores de Montefrío son las áreas donde más inciden los procesos de inestabilidad gravitatoria. En total, existen 20 municipios donde más de la mitad de sus habitantes residen en puntos de alto riesgo de desprendimientos, deslizamientos, flujos de barro o procesos de reptación, entre los que destacan Zagra, donde el 91% de los vecinos, es decir, 880 de los 968, vive en estas áreas peligrosas; Montefrío, con 5.559 ciudadanos (el 88,5%) bajo el nivel alto de susceptibilidad; o Nívar, en el que el 81,2% de la población (705 de los 868) se encuentra en riesgo alto. 

Eso sí, según puntualiza el doctor en Ciencias Geológicas de la UGR -y miembro del equipo de trabajo del estudio- Clemente Irigaray, el que exista riesgo alto no significa que finalmente se vayan a producir estos sucesos, ya que es necesaria la intervención de factores desencadenantes como los terremotos, la acción del hombre o las lluvias. En este sentido, el investigador señala que "en nuestro entorno ha llovido cuatro veces más que la media de los últimos cuarenta años", de modo que "es muy probable que se originen movimientos de tierra en las zonas marcadas en nivel rojo o naranja y, de hecho, se están viendo de reactivaciones del fenómeno natural". 

No obstante, según Irigaray, la susceptibilidad de que acaezca una inestabilidad en el terreno no es homogénea, sino que dependerá también de la zona geográfica concreta. Como consecuencia, junto a la veintena de cascos urbanos que cuentan con más de la mitad de su población en zonas de nivel alto, otros 53 municipios de la provincia no tienen ningún barrio bajo la amenaza de este tipo de desastre natural e incluso existen 22 localidades en las que todas las viviendas están situadas en zonas con una susceptibilidad baja o nula, como Jerez del Marquesado, Láchar, Polícar, Santa Fe, Purchil, Armilla, Darro o Dúdar. 

Es curioso, en este aspecto, que dentro de este listado de municipios donde el riesgo de sufrir movimientos de laderas es inexistente o escaso se encuentren municipios como Cuevas del Campo, donde se han localizado varios hundimientos de cuevas como consecuencia de las lluvias. Esto se debe, según explica Irigaray, a que las cartografías técnicas sólo tienen en cuenta el terreno, pero "está claro que en un terreno con susceptibilidad media con un tipo de cimentación superficial (como es el caso de las casas cueva) puede ocurrir un desastre, mientras que en una cimentación por pilotes puede que no haya problemas o que sean menores". 

Además, el Atlas de riesgos naturales de la provincia de Granada no sólo desvela las zonas susceptibles de sufrir movimientos de ladera, sino que también localiza los puntos con más riesgo según el tipo de corrimiento de que se trate. En este sentido, los deslizamientos afectan principalmente a la Costa, Alpujarra y Sierra Nevada y la Sierra de Baza; los desprendimientos ocasionan más riesgo en el noreste del Área Metropolitana y la cornisa suroccidental de la provincia; los flujos de barro y tierra serían más frecuentes en Sierra Nevada, el Sur granadino y la comarca de Baza; y la parte Este, Norte y Alpujarra se enfrentan en mayor medida a procesos superficiales de inestabilidad del terreno. 

En cualquier caso, "la probabilidad de una gran catástrofe en la provincia es relativamente pequeña, porque se tiene que dar la circunstancia de que siga lloviendo y que también se produzca un terremoto de fuerza considerable", según matizó Irigaray, si bien recordó que el periodo de retorno sísmico en Granada es de entre 100 y 120 años y, teniendo en cuenta que el último fue en 1884 en Andalucía, "estadísticamente hablando existe una posibilidad relevante de que haya uno de magnitud importante, pero esto no quiere decir nada".

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